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martes, 15 de noviembre de 2011

UNA DE... meretrices. (y IX): Ampliando el negocio

El mundo está lleno de todo tipo de personas. Cada de su padre y de su madre, más o menos. Y si ya te digo que este era el tema de conversación que manteníamos, acaloradamente, Turulo, Rrrr, Itálico Martínez y un servidor en la escalera del conocimiento, seguro que intuyes que se te viene encima otra de mis historias. No estás equivocado, recuéstate y, cuando estés cómodo, continúa leyendo este bonito cuento.

Rrrr, apelando a la filosofía y a sus, cada vez mayores, conocimientos de brujería y ciencias ocultas, afirmaba rotundamente que se pueden establecer sistemas de categorías en los cuales todos y cada uno de los humanos encuentren su reflejo. Sistemas de categorización extremadamente complejos, apostilló a modo de pregunta, un poco capciosa, Itálico Martínez. Tampoco tiene que ser eso, pueden ser muy simples, opinaba Turulo. Yo, curioso, pensaba en voz alta que en verdad para tener un conocimiento profundo de las personas había que saber que posición ocupaba en varios de esos sistemas de categorías, cuantos más mejor. Rrrr convenía conmigo, mientras Turulo y el artista boligráfico ya le daban vueltas a la idea de que había sistemas de categorías más importantes que otros. Postulaban una especie de sociedad de castas categoriales. Rrrr aportó la palabra jerarquía. Itálico Martínez estuvo de acuerdo. Yo lancé la pregunta al viento de cuales serían los sistemas más importantes. Turulo dio su respuesta.

Hace mucho tiempo había leído en una revista que un cantante heavy, de esos que a el le gustan, opinaba que lo más importante era que la gente fuera emprendedora. Aquí acabó la conversación sobre el tema. Así son nuestras conversaciones, van de un tema a otro con una facilidad pasmosa. Podemos empezar por un lado y acabar en el lugar más inverosímil, tras haber recorrido miles de posibilidades. Por eso, cuando Turulo habló de la capacidad de emprender cosas como una categoría fundamental, e Itálico Martínez salió con que sí, que eso era lo había cambiado la vida de Olaza, supimos que el resto de las posibilidades del tema anterior iban a quedar por explorar. Todos sabíamos que Olaza ya no estaba en el Barrio, que había dejado de ejercer, al menos por aquí, desde mucho antes de irse y que, como siempre pasa, había un millón de rumores de todo tipo sobre este particular. Pero lo que sobre todo sabíamos era que Itálico Martínez tenía información privilegiada y que, rey del rumoreo en un Barrio lleno de cotillas, nos lo iba a contar con pelos y señales inmediatamente.

Efectivamente, el bueno de Itálico Martínez me miró con esa cara que pone en estos casos, que yo ya me conozco, y que dice, sin decir nada, toma nota mental de todo esto que es material interesante para que lo escribas. Claro que, como tantas otras veces, no hacía falta que me pusiera caras pues llevaba tiempo deseoso de saber, para transcribirla, lo que seguro era la jugosa historia del exilio de Olaza. Itálico Martínez nos la contó aquella tarde.

Como ya he dicho, Olaza había dejado el Barrio de las Putas hacía ya un tiempo y, siendo ella una de las más conocidas entre las Putas, eso generó un aluvión casi inabarcable de rumores. Así es la vida por nuestro querido Barrio. Se decía de todo, que se había ido porque la habían expulsado de la Organización de Meretrices, que estaba en una clínica de salud mental curándose de una hórrida dolencia psíquica, que la había matado el señor Tonelero (si me diesen una moneda cada vez que he oído algo así...), que había ahorrado suficiente dinero para irse a vivir a Lucas Rojo, el precioso y ultracaro Barrio de los Ricachones... en fin, suma y sigue. Invéntese un par de rumores al respecto y casi será parte del Barrio de las Putas.

Itálico Martínez nos contó aquella tarde lo que realmente había pasado. Ya se sabe que su información fiable y casi de primera mano, venía de Loty, y Loty sí que sabe a ciencia cierta lo que pasa en el mundo de las Putas, ha sido elegida, por mayoría absoluta, Coordinadora General de la Omer en su ultima asamblea. Loty está un poco mosqueada con esto que le aleja de las calles, su verdadera vocación, y la encierra en un despacho. Pero alguien tiene que hacer el trabajo sucio y Loty, dicen, empieza a estar mayor, aunque yo la veo igual de estupenda que siempre.

La historia de Olaza empezó la primavera pasada. Una noche estaban en la Glorieta de las Musas ella y algunas otras, ahora mismo nadie recuerda quienes exactamente pero es da igual, cuando llegó un cliente nuevo buscando lo que normalmente se busca en estos casos. Tras un escrutinio por ambas partes, él y Olaza se fueron al cubículo de esta para satisfacer los deseos de aquel. Hasta aquí la historia, más vieja que la rotación de la Tierra, es normal y corriente.

Normal y corriente es también, y esto lo sabrás por experiencia propia si alguna vez has estado con Olaza, que el nuevo cliente repitiese la experiencia de cuando en cuando. Cada vez que podía, para ser exactos. Y es aquí donde empiezan las cosas a no ser normales, pues el cada vez que podía implicaba lapsos irregulares y largos de tiempo, a pesar de que el individuo en cuestión no parecía tener problemas de dinero. Olaza, que es muy comunicativa, no tardó demasiado en enterarse de cual era el problema. Roque, su nuevo cliente, disponía de dinero pues lo ganaba muy bien, pero le faltaba tiempo debido a su peculiar trabajo. Roque era piloto de helicóptero, aunque lo que le cogía más tiempo era el trabajo con el que conseguía el sobresueldo, era apañero.

A las pocas veces de verse con Olaza, esta ya sabía todo lo que quería de Roque. En principio su trabajo consistía en ir con el helicóptero a lugares inhóspitos, donde solo se pudiese acceder por aire, y hubiese gente trabajando, para llevarles cosas necesarias para vivir. Comida, agua potable, periódicos, culopaper, repuestos para las maquinarias que se hubiesen estropeado, el correo... Así que iba a plataformas petrolíferas en el océano, faros en medio de la nada y estaciones científicas en islas desconocidas. Pronto vio que podía completar sus, ya de por sí substanciosos, ingresos dedicándose a la noble labor de los apaños, a ser apañero. Añadiendo a la carga habitual algunos productos que no estuviesen en la lista original, pero por los que los habitantes de aquellos parajes pagaban una pasta gansa, Roque montó un pequeño imperio. Y vendía de todo lo que le pedían, con una importante plusvalía, sin ningún tipo de remordimientos. Lo mismo le daba llevar CDs de los últimos cantantes que los concursos televisivos hubiesen puesto de moda, que pornografía, que whisky, que libros de crucigramas, que drogas, que cualquier otra cosa. Aquí se le pusieron los ojillos a brillar a Olaza pues tuvo una buena idea, idea que ya se le había ocurrido a Roque también. Poco quedaba que hablar.

Así Olaza empezó a dejar de esperar a los clientes en la Glorieta de las Musas y empezó a ir en su búsqueda en helicóptero con Roque. El negocio era redondísimo pues, claro, la Puta a domicilio, cuando el domicilio está en mitad de la nada oceánica, tiene una tarifa como diez veces más elevada de lo normal. El trato con Roque, además, era muy beneficioso para ella. Puesto que el ya ganaba más dinero del que quería y podía gastar, pues buscando los apaños no le quedaba tiempo para mucho, solo pidió a Olaza servicios gratuitos. Uno antes de cada viaje, por norma, y después los que le fuesen apeteciendo cuando no estuviesen de misión. Olaza aceptó sin pensárselo dos veces. Comunicó a la Omer que se iba a explorar nuevas vertientes del oficio y dio una explicación vaga pero convincente del asunto. Como quiera que la Omer no es la Inquisición, Olaza no tuvo demasiadas trabas para poner en marcha su experimento.

Cualquier científico sabe esto. Los experimentos tienen la fea costumbre de no salir bien a la primera, siempre aparecen imprevistos con los que ni la más fina planificación contaba. Natural, sino no haría falta hacer un experimento. Olaza, investigadora de nuevos modos de mercadotecnia putil, se encontró también con imprevistos en su aventura.

Para empezar se encontró que los clientes, a pesar del tiempo que llevaban sin ver a una mujer, eran reacios a pagar el precio convenido si no eran los primeros de la jornada. Claro, ellos no sabían que nunca serían los primeros del día pues, pasase lo que pasase, Roque siempre le cobraba el pasaje a Olaza antes del viaje. Al margen de esto, resulta que los clientes le salieron más escrupulosos de lo que esperaba y al que le tocaba el segundo se negaba a pagar tanto como el primero, el tercero menos que el segundo y así hasta que el ultimo la pagaba lo mismo, o incluso menos, que si el hubiese ido a buscarla al Barrio a la Glorieta de las Musas. Ella se puso firme y exigió el precio prefijado, ellos se negaron y dijeron que o iba bajando el precio o nada, y ella, que tenía que rentabilizar la aventura, no tuvo más remedio que ceder. Con pequeñas diferencias en cada lugar, esto fue lo que le venía sucediendo en todos los rincones donde la llevaba Roque.

Luego, además, los clientes protestaron por otra cosa con la que Olaza no contaba. Los veinte minutos, que habitualmente estaban establecidos como tiempo estándar para cada uno, resultaban insuficientes para hombres que solo veían una mujer cada dos meses y encima tenían que compartirla. Los clientes, por el precio que pagaban y su situación, esperaban una ficción amorosa un poco más elaborada y dilatada en el tiempo. Y el tema es que ella no se podía quedar demasiado tiempo en los sitios. Roque tenía que cumplir unos horarios y ella iba y venía con él.

Finalmente, la tercera variable extraña del experimento de Olaza fue su propio desgaste físico. Demasiados hombres en un tiempo muy limitado la dejaban, literalmente, hecha polvo. Tan duras eran estas jornadas que empezó a pensar que quizá no pudiese soportar el ritmo durante mucho tiempo. Esto unido a unos ingresos altos pero no tan pingües como tenía pensado y a tener que soportar continuas quejas, la llevó a buscar soluciones. Siempre hay otra forma de hacer lo mismo, se dijo.

Durante unos días anduvo enfrascada en la búsqueda de soluciones al problema. La más obvia pasaba por ir con más compañeras, así podrían dedicar más tiempo a los clientes (y con ello aumentar aun más el precio previo), salvar el problema de los escrupulosos clientes que le habían tocado y no cansarse tanto. Pero, claro, había dos problemas básicos en todo esto, el transporte y los beneficios. El transporte requeriría pagar en dinero a Roque, esto y el ser más Putas en el negocio, dejaba los beneficios de Olaza en muy miserables comparando con el beneficio potencial.

Sin saber muy bien como solucionar toda esta problemática se decidió, tras muchas dudas, a confiar en el que, a fin de cuentas, era su socio en el negocio.

Roque escuchó con paciencia todo cuanto ella le contó aquella noche. Justo antes habían estado follando como animales. Olaza se había esforzado especialmente para que el se sintiese más inclinado a ayudarla. No sabía que, nuevamente, Roque iba por delante de ella y llevaba tiempo esperando esta situación. Tenía una solución, ¡vaya si la tenía! ¡La Solución!

Estaba totalmente claro como solucionarlo. Ella convencería a varias compañeras diciéndoles que iban a cobrar una gran cantidad por cada servicio, aunque significativamente inferior a la que pagarían los clientes, pero, esto, no lo iban a saber pues de recoger el dinero y de los temas relacionados con la organización se encargarían Roque y Olaza, así esta pasaba a tener que cumplir sexualmente solo con una persona: el piloto del helicóptero. Además, para no levantar sospechas, las Putas pagarían por el viaje un porcentaje del dinero ganado. Todo serían beneficios para ellos con casi nada de trabajo.

Olaza protestó. Su primera intención fue protestar por tener que seguir follando gratis con Roque ahora que el también iba a sacar dinero con el trato. Pero ya hacía tiempo que esta obligación se había convertido en un grato placer que incluso anhelaba cuando se retrasaba uno o dos días más de la cuenta. Lo que sí que no pudo callarse fue su miedo a la Omer.

Si en la Organización de Meretrices se llagaban a enterar del chanchullo que estaban montando se le podía caer el pelo. Estafar a las compañeras es la más grave de las faltas para la Omer, y la estafa que planeaban estaba, en los claros términos de la Organización, rayana el proxenetismo.
- Me pueden echar de la Organización e incluso del Barrio -, dijo Olaza, visiblemente afectada ante la mera posibilidad.
Roque le prometió que no pasaría nada si lo hacían con inteligencia. Dos cosas eran fundamentales, elegir putillas jóvenes cuya inexperiencia les impidiera sospechar algo turbio en el asunto y no hacer ostentación pública en el Barrio de la cantidad de dinero, claramente superior a la de las demás compañeras, que Olaza iba a ganar.

En esto llegó el verano. El nuevo negocio iba sobre ruedas. Todo el mundo estaba contento y la pareja de estafadores ganaba el dinero a espuertas. Además, siguiendo con el plan de no mostrar públicamente los beneficios, empezaron a ahorrar mucho. Para cuando llegó el otoño Olaza y Roque se fueron a vivir juntos. Todo era perfecto hasta que un día algo se interpuso. Loty, que llevaba meses viendo lo bien que les iba a las jovencitas con Olaza, se fue a hablar con ella para ver si podía ir en una de esas excursiones en helicóptero.

Olaza, que no esperaba para nada esto, se puso nerviosa nada más que de imaginar a Loty, que de cándida y jovenzuela no tenía nada, descubriendo todo el tema. Balbució que no, que ya estaba todo cubierto. Alguna excusa barata y se fue. Loty se quedó con la mosca detrás de la oreja.

Al llegar a casa, Olaza le contó a Roque lo que acababa de sucederle y este, que sabía de antemano que esto iba a pasar, la tranquilizó de nuevo. Todo estaba bajo control. El plan seguía adelante y nada podría echarlo por tierra. Olaza creyó a su amante una vez más y se calmó.

La excursión del siguiente día era a una plataforma petrolífera que hacia tiempo que no visitaban. Cuando fueron a recoger a las putillas se encontraron con la sorpresa, esperada, de que no estaban allí. En su lugar estaban la flor y nata de las Putas del Barrio, desde luego en la plataforma lo iban a flipar. Loty, Venancia, Pili y la Traje esperaban dispuestas a ver de que iba el lucrativo negocio de las jovencitas. Olaza se sintió atrapada, pero al ver la tranquilidad de Roque decidió actuar como si nada.

Camino de la plataforma explicaron a sus compañeras como iba el tema. Ellas cobrarían, en función del número de servicios, en el viaje de vuelta. Teniendo en cuenta que, por aquello de los escrúpulos de los clientes, cada servicio se pagaba ligeramente más barato que el anterior. Una parte del dinero sería para el viaje y el resto elevados beneficios para ellas. No debían perder de vista que estos clientes solían requerir más tiempo y cariño de ellas, y que precisamente por recibirlos pagaban tan bien.

Aparentemente no sucedió nada fuera de lo normal aquel día. Pronto sucumbieron las iniciales protestas de los clientes ante las Putas más maduras que las acostumbradas jovencitas. Conforme aquellos probaban el nuevo material contrastaban hasta que punto eran más deseables que sus pupilas. Así todo fue bien.

En el camino de vuelta el silencio solo era quebrado por las hélices y el ruido de las turbinas. Esos sonidos a los que uno se acaba acostumbrando hasta que casi desaparecen y, entonces, en el pseudosilencio quedaba clara una cosa. Las Putas habían averiguado lo que querían saber, el negocio de Roque y Olaza estaba perdido. Los dos bandos solo hablaron, manteniendo las apariencias, para el reparto del dinero ganado durante la jornada. De vuelta al Barrio de las Putas, estas se fueron directamente a la sede de la Omer, en la calle Perpendicular, a explicar lo averiguado, mientras la pareja de estafadores se daba a la fuga.

La Organización de Meretrices decretó rápidamente la expulsión inmediata de Olaza del gremio y del Barrio, así como la búsqueda de las cuentas exactas para que cada una de las estafadas recibiese lo que le correspondía. El valor e ingenio que Loty había mostrado fueron de gran ayuda para que acabase en el cargo que ahora ocupa en la Omer. Por desgracia, no llegaron a encontrar a los amantes que abandonaron el Barrio sin que nadie supiese nada más de ellos.

Itálico Martínez acabó aquí su historia y todos lo flipamos porque no nos habíamos enterado de nada. La Omer es muy celosa con sus asuntos internos. Entonces, de repente, a Turulo se le encendió la lucecita y dijo,
- Pues yo he oído que en Lucas Rojo han abierto un nuevo burdel que se llama el “Helicóptero del Amor”. Parece que el tal Roque sí que lo tenía todo bien planeado. Vaya si no iba el nota por delante de todo el mundo -, y se rió ante el ingenio del estafador.
Itálico Martínez, rojo de ira como nunca lo vi antes, se puso en pie y mientras se marchaba le dijo a Turulo,
- Ya veremos como ha sido de previsor.
Ahora Turulo no lo cogió y nos preguntó a Rrrr y a mí donde iba el artista boligráfico tan enfadado.
- Evidentemente a hablar con Loty -, fue nuestra respuesta.

6 comentarios:

mientrasleo dijo...

Rrrrr.... y el Helicóptero del amor.
Me gusta como escribes, sólo tras terminarlo me he dado cuenta de lo extenso que te ha salido en realidad.
Me haces esperar, pero merece la pena.
Un beso

Félix dijo...

Gracias mientrasleo, es un placer ser leído y disfrutado.

El próximo también promete ser extenso y épico... no sé si esperar el mes correspondiente para colgarlo o subirlo antes para resarcirme de no haber cumplido en octubre (he tenido problemas internáuticos y mundanziles). En cualquier caso la espera forma parte de la gracia de esto, no voy a poner todos los cuentos de una vez. Me quedan dos y medio para terminar la primera parte del proyecto, aunque ahora no tengo tiempo para dedicarle, luego es todo incógnita...

mientrasleo dijo...

Mira que te gusta hacerte desear...
Pues nada a pasearme por aquí a la espera de tus letras... (no te da pena? jajaja)
Un beso, disfruta

Félix dijo...

Pues me encantaría tenerlo terminado y colgado todo, pero como no es así mantengo el ritmo mensual para no quedarme sin material... y aún así no siempre puedo mantenerlo.

La paciencia es buena cosa, así se disfruta más... creo yo, vamos.

cranekid dijo...

http://twopupils.bandcamp.com/album/somos-polvo
por aquí te dejo unos temitas que hecho en forma de spam sano jejeje.
Escuché lo tuyo, solo me queda decir, si señor ;)

Un saludo

Félix dijo...

En cuanto pueda dedicarle el tiempo que merece lo escucharé, me ha encantado la primera entrega. Si todo el spam fuese esto el mundo sería un lugar mucho mejor :).

Celebro que te haya gustado mi ((((L)))) FAN ((((T)))) estoy deseando encontrar el hueco para sacar cosas nuevas, tengo mil ideas, pero tiempo... es un bien muy, muy, muy escaso.