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sábado, 25 de junio de 2011

UNA DE... meretrices. (V): Venancia engañada

Bastante a menudo, alguna de nuestras insignes Putas protagoniza una historia digna de ser contada. No es de extrañar, con su oficio están expuestas a interactuar con gente de lo más curioso, con auténticos y genuinos personajes. Alguno, como aquel chaval entre rubio y pelirrojo, simpe y tímido que es protagonista de esta historia, merecen que se escriba su historia para que no quede en el olvido. Más aún cuando consiguen cabrear a alguien tan tranquila y difícil de irritar como Venancia.

Venancia es muy conocida y querida en el Barrio,y los alrededores, por todo aquel que frecuenta los servicios que ella y sus colegas ofrecen. Frente a todas las del gremio, Venancia tiene una baza especial que hace que su trabajo esté muy valorado. Es la mejor felatriz en varios kilómetros a la redonda. En serio, si te gusta el sexo oral, y hasta donde yo lo entiendo eso le gusta a todo el mundo, ella es tu mujer. Dicen que, para darle más enjundia al asunto, es igualmente buena con hombres que con mujeres. Es más, si se me permite voy a entrar en un pequeño detalle. Venancia estudia continuamente para mejorar su técnica. Tras ver Pulp Fiction se hizo un piercing en la lengua y estuvo practicando con ello hasta que le cogió el punto. Ahora se lo pone o se lo quita en función de los gustos del cliente que, salvo rarísimas excepciones, siempre queda satisfecho. Y no cobra tanto como vale, en esta vida hay cosas que salen más caras y que no son tan buenas.

Si está de servicio, pero no trabajando en ese momento, la puedes encontrar en la Glorieta de las Musas hablando con cualquier compañera a la espera de clientes. De allí venía, con un enfado de dimensiones astronómicas, la otra tarde. Venía a buscarme y yo me asusté.
- Te está buscando la Venancia por todo el Barrio, y no debe ser nada bueno porque está mosqueadísima. - Me dijo alguien, no recuerdo quien.
¿Por qué?, ¿yo qué había hecho?. Pensé en esconderme hasta que se le pasase la cólera, pero soy muy curioso, aunque no tanto como Itálico Martínez o Rrrr, y quise averiguar que tripa se le había roto. Me dejé ver y ella me encontró. Su furia no tenía nada que ver conmigo. Lo que quería de mí era de otra naturaleza, quería que escribiese un cuento sobre ella y una cosa terrible que le había pasado. Se puso a llorar.

Me lo contó todo tan pronto como conseguí que se calmara, y tras prometerle que escribiría su historia. Aquí la tienes, Venancia, lo prometido es deuda.

La noche antes estaba ella tan tranquila en la Glorieta de las Musas, departiendo con Loty sobre algún tema importante, mientras esperaban que apareciese alguien que requiriese su atención. No sospechaba que el cliente acechaba agazapado en una esquina esperando su oportunidad. Quería beneficiarse a Venancia pero no quería que Loty lo viera, Loty ya lo había calado y le hubiese estropeado el asunto. Venancia y Loty, ignorantes de la vigilancia a la que estaban siendo sometidas, hablaban y hablaban, y parecía que no se iban a callar nunca. Finalmente llegó alguien, no me dijeron quien pues en el Barrio es de muy mal gusto ir contando por ahí quien folla con quien, y Loty se fue al curro. Fue entonces cuando el vigilante de la esquina adoptó su mejor pose y se acercó, como quien no quiere la cosa, a Venancia.

Venancia lo vio venir y no sospechó de él. Parecía que apenas acabase de cumplir los dieciocho años, si es que los había cumplido, tenía el pelo de un naranja casi amarillo y era casi imberbe, bajito y delgado, vestido de negro y a todas luces tímido e inexperto. Vamos que era un poco como un chavalito que todavía está perdido en el mundo y que parece necesitar alguien que le oriente, aunque ni por esas espabilará en poco tiempo. Y ahí estuvo el error de Venancia, se dejó llevar por las apariencias y el instinto maternal, el muchachito le dio lastima y, nunca mejor dicho, se la metió doblada.

Se acercó tímido y educado.
- Oiga... perdone... ¿Usted es... ¿cómo se lo digo que no le moleste... es usted....
A Venancia se le comprimía el corazón en el pecho al ver al chavalito tan apurado y decidió hacérselo un poco más fácil.
- ¿Te refieres a si soy Puta?, - al oír la palabra Puta el niño se puso rojo hasta la raíz del pelo, una especie de cruce entre tomate y zanahoria.
- No diga usted eso... prostituta... meretriz...
- ¡Ramera! - concluyó Venancia echándose a reír.
No sabía definir el qué, pero había algo en el chiquillo que le gustaba, la inocencia quizá. Vale que aquí solemos ser bastante respetuosos y educados con nuestras Putas, pero también viene mucha gente que no son del Barrio. Sí, señores de Ciudad Lejana, reconozcan que ustedes también vienen y que, para acabar de arreglarlo, esconden su doble moral y falsas inhibiciones en tratos vejatorios, físicos y psicológicos. Y las pobres Putas tienen que aguantarlo porque es su trabajo y hay que comer... por eso Venancia alucinaba con la educación y la timidez del zagal.

- Verá... señora Puta... yo... es que... - el jovencito parecía apunto de morir por la vergüenza y Venancia decidió ponérselo fácil.
- ¿Quieres que vayamos a follar? - preguntó inciando con ello todo el ritual que acabaría en casa de la meretriz haciendo una vez más eso que a ella le da de comer y él iba buscando.
No obstante, el chaval tenía algo que inquietaba a Venancia. Durante el camino a su casa sonsacó un poco a su cliente y este le contó que era la primera vez que iba con una mujer, que una vez lo intentó con una chica que le gustaba pero se puso tan nervioso que acabó antes de empezar y ya no pudo hacer nada más, por eso había decidido ir con una experta, para aprender un poco y no hacer más el ridículo. A Venancia se le ablandaba el corazón con cada palabra que oía. “Oh, que pobre pequeño”, pensaba.

Cuando finalmente llegaron a casa de Venancia, esta ya iba suave con la historia del chavalito. Justo como los de antaño sólo que en lugar traerlo el padre venía por su propio pie. Se sentía honrada. Le constaba que no era el primer hombre que desvirgaba, pero desde luego sí el primero que se lo decía de ese modo. Tan indefenso, tan necesitado.

Una vez metidos en faena ella le explicó todo con paciencia y resultó que al niño aquello se le daba de miedo.
- Esto sí que me gusta a mí, - decía el chaval, - yo he nacido para esto - y Venancia disfrutaba como hacía tiempo que no disfrutaba con un cliente.
No sólo el crío le estaba echando un polvo de los que hacen época sino que además le sacó la vena cariñosa y se dejó ir como si estuviese con un amante seleccionado por ella misma para disfrutar del sexo.

Bien, cierto es que yo no estaba allí, pero Venancia insiste, y yo confío en su criterio, en que fue una experiencia de las de una entre un millón. Un polvo ejemplar, un ideal, la idea platónica de sexo. Fue tan maravilloso que Venancia, dejándose llevar por la generosidad y las extrañas emociones que le había despertado el niño, le dijo que por ser la primera vez no le iba a cobrar para que no se sintiese mal por haberse estrenado de esa manera. El chaval, tras reclamar varias veces su derecho a pagar, se dejó invitar y le dio las gracias y un prolongado beso a Venancia. Ahí debiera haber quedado la cosa, pero...

Cuando Venancia se hubo aseado y vestido de nuevo, volvió a la Glorieta de las Musas con una sonrisa de oreja a oreja. Se sentía muy bien por lo sucedido, a más de por el pedazo de polvo que acababa de echar. Tanto que se le veía en la cara a distancia. Cuando llegó allí Loty ya había vuelto, un par de veces para ser exacto, y le preguntó por el motivo que le había puesto esa expresión de flipada. Venancia se lo contó todo con pelos y señales, sin saltarse un detalle ni cortarse por nada, estaría bueno que las Putas se andasen con eufemismos hablando entre ellas. Loty escuchó con atención y cuando Venancia acabó la historia se empezó a reír como una loca.
- Eso mismo que te ha hecho a ti nos lo ha hecho a la Traje, la Pili, la Olaza y a mi misma, que yo sepa. Pues no se tiene bien estudiado el cuento el niñato ese.

Cuando Venancia tomó conciencia de lo que le acababa de revelar su amiga y compañera se quedó traspuesta primero y enfadadísima después. Por eso vino a buscarme para que escribiese el suceso y todos se enterasen, de este modo el sinvergüenza ese no podría seguir aprovechándose de las pobres Putas crédulas. Además, me dijo, estaría muy bien que alguien, a ser posible Civo que especialmente grande y consistente, le diese una buena paliza al cabronazo rubio ese. Estaba muy enfadada, rebosaba ira, pero, lo más importante, es que se sentía profundamente dolida. No sé si se mosqueará porque cuente esto, pero ella ya sabe que no suelo callarme nada de lo que se me dice para mis cuentos. Lo que realmente le dolía de todo este asunto es que era la primera vez en su vida que se sentía utilizada.

4 comentarios:

peregrintuk dijo...

Muy buena la historia.
Me ha encantado la perspectiva desde la puta, lo del sentirse utilizadas, ya que habitualmente se habla de todo lo contrario, aunque es comprensible que para Venancia es su trabajo, que le da de comer como a otra persona es levantar el teléfono.

Félix dijo...

Hmmm Peregrin Tuk... ¿a qué me suena a mi eso? Gracias por la lectura y el comentario, me alegra que te haya gustado.

Elena dijo...

Qué bien tener tus cuentos disponibles praa cuando una tenga un ratillo que amenizar...

Félix dijo...

Jejeje, gracias Elena. Hoy colgaré sin falta el próximo o se me va a pasar el mes en blanco, pero con el lío de la novela y lo que es no la novela me queda poco espacio para corregir y colgar cuentos.