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domingo, 22 de mayo de 2011

UNA DE... ateos. (IV): La confusión de lo cotidiano


A menudo pasean por el Barrio de las Putas muchas personas, los hay viejos y jóvenes, venidos de países y culturas muy distantes e incomprensibles o nacidos dentro de los límites del Barrio, algunos frecuentan a nuestras ilustres Putas y otros sueñan con convertirse en una de ellas, pululan durante un tiempo y viven experiencias intensas de corte estrambótico pues eso caracteriza este lugar, puedes encontrarte una bruja o un antiguo demonio primordial transmutado en pescadera, puedes pasar por experiencias de un terror casi inabarcable recorriendo callejones oscuros o vivir la luminosidad de los días de primavera observando tiernas beldades que cubren con escasas prendas de fina gasa su juvenil cuerpo, en la Plaza Grande, a la espera de ser deseadas y sometidas a vejaciones sexuales que no se atreverían a reconocer ante sus madres, que en el fondo de su corazón admiran a las Putas y saben de su posición de auténtico poder, se conocen a sí mismas y a la seducción inherente a sus carnes prietas, a sus senos turgentes y aún por explorar, a sus montes de Venus cargados de bello púbico nunca rasurado, a sus piernas firmes y extensas como vías de tren, a sus culos ligeramente hinchados, respingones, culos seductores y cicateros que piden a gritos la sodomía, culos que incitan a la imaginación, a los sentidos, al tacto, a la pérdida de tiempo recreándose en las posibilidades que ofrecen a los jóvenes y no tan jóvenes que por allí se encuentran, víctimas de sus hormonas, henchidos de testosterona, devorando con la mirada sus virginales figuras a la espera de algo que las haga inclinarse y les permita degustar por medio de la vista esos recios canalillos que separan cada pecho, un momento de suspiro y expiro que erice un pezón de modo que pueda ser contemplado a través de la fina tela que lo oculta, algunos actúan en ese momento y hablan con las pequeñas vestales que pronto dejarán de serlo, otros se limitan a padecer en silencio el acoso de la líbido para solucionarlo más tarde sacándole brillo a su hermano menor, frotándolo acompasada y cariñosamente, como siempre, como cada día, desaprovechando en cada ocasión la posibilidad de desflorar a una de esas apetitosas niñas, perdiendo, poco a poco, hasta llegar a lo definitivo, la posibilidad de aprender a conseguir de ellas lo que ellas quieren darle, no consiguiendo aprehender que esas diferencias que perciben entre géneros son lo suficientemente ficticias como para no tener miedo, continuando, a fin de cuentas, contándose una y otra vez la misma historia de fracaso sexual que esconden tras éxitos vanos y efímeros que para nada llenan su vacío cuando, a la hora de la verdad, el único amor carnal que conocen es el de su mano derecha, o izquierda que esto depende de la lateralización y los gustos de cada uno, cuando ven que de nada sirve un triunfo que no se puede compartir con alguien a quien ames y que los leves escarceos sexuales de aquellos que osaron intentarlo han acabado dando como fruto romances que podrían llenar páginas y páginas de libros, y llenan, de hecho, de felicidad, de sonrisas infinitas, de serenidad, de afabilidad, las caras de sus protagonistas que no son otros que aquel tipo del cual resultaba cotidiano recelar por su cara de intelectual de serie media y la más cachondona de todas las jovencitas de la primavera del 97 y que, ahora, tiempo después, viven su vida y su felicidad en la ignorancia consciente de los pasos que han guiado sus caminos hacia esa meta común, pues él llevaría muy mal saber cuantas felaciones a hecho ella a hombres que no eran él, algunas incluso después de conocerle, ni cuantos la han poseído por allí por donde a él no le deja entrar, guardándolo como coto exclusivo para sus amantes de antes y durante, así como de después, pero eso todavía ella no lo sabe, igual que no sabe cuan mal sentiría si supiese que él no la ama, ni si quiera la desea, simplemente le aterra acabar sus días en solitario, que no la soporta demasiado bien cuando habla y que simplemente se acuesta con ella para que no se vaya con otro definitivamente, pero a la hora de la verdad el único sexo que realmente le excita es aquel por el que paga de un modo explícito, no como a ella con la que tiene que esconder el pago por sus favores en forma de cenas y regalos, de todo lo que sea necesario para mantener la ficción del amor, de ese amor en el que casi nadie cree y muy pocos conocen, para dar la sensación de felicidad que haga que los demás nos traten como a personas felices, es mejor ser tratado como un ser feliz que como un desgraciado ya que, sea como fuere, más de uno se ha perdido de vista a sí mismo en el mar de opiniones que sobre ese particular tenían los que le rodeaban, los que van y vienen por el Barrio cada día, la gente que en su mayor parte van a pasar por aquí y por la vida sin pena ni gloria, creyéndose, o queriendo creerse, triunfadores cuando no existe ninguna competición, aliviando sus fracasos en lo importante con exiguas recompensas en lo accesorio, perdiendo continuamente, un poco casi imperceptible más cada día, ganando cada vez menos, o cosas menos importantes, personas que aporten o no aporten serán olvidadas, ellos, su aportación y los que estaban a su alrededor, quizá incluso su entorno, el Barrio de las Putas, que algún día empezará a ser nada, o seguirá siendo pero sin sentido, sin significación, la inexistencia, la vacuidad, el peor de los horrores, la privación del derecho a ser, el tipo de cosas que asustan a las personas que se paran a pensar en ello con detenimiento, la gente que vemos por aquí día a día, que no creen en ningún tipo de dios ni nada que se le asemeje.