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sábado, 23 de abril de 2011

UNA DE... meretrices. (III): Abducida

Su padre había echado las culpas a su instrucción,
diciendo que la educación llenaba a la mujer de desatinos lascivos.

N. Gordon

No podría explicarlo pues fue una sensación, muy intensa eso sí. Describir una sensación es una de esas cosas difíciles donde las haya pues cada uno las experimenta a su manera. Yo sentía un embriagador acceso de alegría por que, ¡por fin!, era yo quien le contaba a Itálico Martínez un cotilleo del Barrio que él no conocía. Y nada menos que sobre Loty, que, aunque yo la conozco hace más tiempo, él tiene una relación más estrecha con ella. A mi favor jugaba el que el chascarrillo en cuestión es anterior a la llegada del artista boligráfico al Barrio de las Putas. Además, Loty ya no habla de eso.

Todo empezó por una conversación que teníamos en la “Taberna 19” Itálico Martínez, Turulo y yo.

Aquella tarde Turulo había sido el último en llegar al pequeño corrillo que habíamos montado. Tres hombres y un café, qué horror esto de ser pobre. En fin, Lisandro ya está acostumbrado.

Como iba diciendo, Turulo fue el último en llegar y venía excitadísimo, como extasiado por algo. Rápidamente nos contó lo sucedido. Resulta que como él es guitarrista de un grupo de heavy metal, está siempre aprendiendo y estudiando cosas nuevas para tocar mejor. Eso está muy bien, luego cuando vas a sus conciertos se agradece ver que evolucionan y cada vez tocan más y mejor. Una de sus vías de estudio es una revista que compra en la que solo hablan de guitarras, vienen partituras, lecciones de diversas técnicas y estilos, y reportajes sobre guitarristas. La revista en cuestión se acompaña de un compact-disc donde vienen los temas cuyas partituras han salido en la revista, ejemplos de las técnicas y alguna canción de los guitarristas sobre los que han hablado. He ahí el quid de la cuestión, ese fue el momento en el que Turulo descubrió, en el número de ese mes, a un hombre que no conocía, Robert Johnson. Tantos años escuchando heavy metal han hecho de Turulo un ser un poco cerrado de mente en temas de música, no pasa nada, a cada uno lo suyo, pero, claro, así te pierdes muchas cosas. Una de ellas es el blues clásico.

- ¿Por qué no me había hablado nunca nadie de Robert Johnson? - preguntó Turulo algo molesto al descubrir que tanto Itálico Martínez como yo somos devotos de la música del viejo y difunto bluesman. Itálico Martínez se permitió ser un poco cruel y soltarle una broma.
- ¿Quién le va a hablar de blues clásico a un macarra como tú?.
Ante ello tuvo que reconocer que el artista boligráfico tenía razón y se conformó con la respuesta, aunque reacio a cambiar de tema investigó hasta donde llegaban nuestros conocimientos sobre este particular. Yo personalmente soy un enamorado del blues de Robert Johnson hace ya unos años y tengo todo lo que grabó, lo cual tampoco es decir demasiado pues solo grabo veintinueve canciones. Itálico Martínez ha leído incluso un libro donde hablan de blues y de la historia de Robert Johnson.

Sobre la historia del bluesman se podría departir durante horas. A veces lo hemos hecho. Pero esa tarde Itálico Martínez dijo algo que trajo a mi memoria otra cosa que acabó con la conversación que manteníamos y me dio el protagonismo absoluto durante un rato.
- Cuando Robert Johnson desapareció para volver tocando la guitarra mejor que nadie lo hubiese hecho antes, todo el mundo empezó a cotorrear intentando averiguar que había pasado. - Explicaba el artista boligráfico
- La gente es muy ingrata y es más fácil decir que el tío ha hecho un pacto con el demonio para tocar así que reconocer que podía haber estado estudiando y tocando como un loco para progresar como lo había hecho. - Esta repentina crítica al cotilleo me pareció muy extraña en la boca en la que sonaba. - A fin de cuentas, cuando no se tiene una respuesta aceptable a un cambio tan radical se tienden a buscar explicaciones que otrora no parecían dignas de consideración.
En ese momento se encendió la lucecita sobre mi cabeza
- ¿Algo así como cuando Loty dijo que la habían abducido los extraterrestres? - Itálico Martínez me miró con la cara desencajada de la sorpresa tan inmensa que se acababa de llevar.
- ¿De qué estás hablando?

Bien. Así que era eso. Itálico Martínez no sabía nada y yo sabía todo, o al menos más que él. Encima sobre un tema que le interesaba sobremanera. ¡Sí, coño, sí!. ¡Ya era hora!. Estuve tentado de callarme y no contarle nada, pero ¿cómo aguantar sin contarlo todo cuando el público está ávido por escuchar una nueva historia?. No podía hacer otra cosa que recostarme cómodamente en la silla, pedir una cerveza para los tres, y empezar a relatar a mis amigos lo que me pedían.

El fiel lector (tómelo esto como un neutro y permítame pasar de las arrobas y demás sandeces contemporáneas) recordará que ya conté como Loty es muy querida en el Barrio de las Putas y, de hecho, la desaparición de su hija Tinna sacó a relucir el espíritu de grupo fuenteovejunesco que existe por estas latitudes, y que a algunos nos sorprendió. Bien, las gestas colectivas pueden acabar desembocando en escarnio público debido a la imbecilidad de la masa y eso fue lo que pasó. No es culpa de nadie, en este tipo de cosas los culpables no existen ya que la responsabilidad se diluye, y hallar la causa de determinada consecuencia puede ser casi imposible, perdido en un mar de abstracciones que hace ya mucho tiempo dejaron de significar algo. La masa se aborrega en pro de cualquier cosa que apele a su sentir y, con los sentimientos a flor de piel, comete incoherencias en las que jamás habría caído si no se hubiesen reunido en manada. Aquel que sabe tocar el subconsciente colectivo y apelar a esos sentimientos primarios e inalienables, aquel que es capaz de descubrir los senderos por los que discurre el conmover cotidiano, está en condiciones de manejar a la gente a su antojo destruyendo el libre albedrío de aquellos que se lo regalan sin mayor planteamiento. Los sentimientos es lo único que es totalmente real para cualquier individuo. Y Loty era una parte importantísima del vivir y la emotividad diaria para mucha gente del Barrio de las Putas, con lo que sirvió de catalizador para una de estas gestas de la absurda épica actual. Pero de eso ya hemos hablado, ahora importa la historia de cómo Loty inició su brillante carrera.

Cuando Loty empezó en su profesión no era especialmente destacable. Era una putilla más que, si bien no había llegado por la puerta de atrás, nadie esperaba que llegase nunca a ser una de las más queridas Putas del Barrio. Sin futuro en el gremio, así era como la veían clientes y compañeras. Demasiado fría e introvertida, demasiado pasiva y expectante, demasiado remilgada.

Vale que no se metía en ello sin conocimiento de causa, alguna de sus antepasadas había ejercido igualmente y se dice que al menos un par de ellas llegaron a tener cierta relevancia en otras épocas. Además para cuando ella empezó hacía tiempo que en el Barrio había desaparecido la siempre grotesca figura del proxeneta, ya no hacen falta porque el tabú lo hace todo por ellos. Ay de aquel que ose agredir a una prostituta sin su consentimiento dentro de los límites del Barrio. Más pronto que tarde habré de contar la leyenda del último chulo, entonces será más fácil entender esto. Por ahora la historia que vamos a desvelar es otra.

Itálico Martínez alucinaba cuando me escuchaba decir que, en sus comienzos, Loty no había sido la Gran Puta que es hoy día. Se negaba a aceptar lo que él consideraba una descalificación de su adorada amiga.
- ¿Y yo qué quieres que te diga, Itálico?, ¿te cuento la historia como es o cómo tú quieres que sea?
La respuesta del artista boligráfico fue, evidentemente, que quería la verdad (como si la verdad existiese o fuese a existir alguna vez). La tentación se asomó a mi perversa mente y a punto estuve de cambiarle la historia y empezar algo así, “en una glorieta del Barrio de las Putas de Ciudad Lejana, de cuyo nombre no consigo acordarme, sospecho que porque no era la Glorieta de las Musas, ha mucho que empezó sus andanzas una Puta...”, dejándome llevar por el espíritu cervantil que todo el que se sienta a escribir alguna vez observa en sí mismo alguna vez. ¡Y contarle un cuento de hadas!. Hay veces, no obstante, que la realidad supera a cualquier ficción con lo que seguí con la historia. No es que la pudiese contar del tirón pues a cada tres cosas que explicaba el bueno de Itálico Martínez me pedía más y más detalles. Ahora para no irme más por las ramas intentaré escribir la historia y no cómo la conté, aunque bien sabe el que ha llegado hasta aquí que no perderme en nimiedades se me da muy mal.

El tema es que la historia no es especialmente complicada. Loty empezó en el negocio sin demasiada fortuna y con demasiados escrúpulos para una vocación verdadera. No es que no tuviese madera, ni vocación, ni buenas intenciones. Es solo que no sabía bien como hacer las cosas y nadie estaba dispuesto a enseñarle. Somos tan estúpidos que tenemos escuelas y academias para todo menos para aprender a disfrutar plenamente de nuestra sexualidad, en ese aspecto existe una religión dominante, aunque por fortuna cada vez domina menos, que más que enseñarlo se empeña en negarlo, ocultarlo, ensuciarlo... a saber por qué les parece tan malvado el sexo. Claro, así Loty estaba bastante verde y no le iba tan bien como ella quería.

Pasaron los días y las semanas y no levantaba cabeza, en sentido figurado, obviamente, pues lo que casi no hacía era agacharla. No tenía experiencia, fama, dinero y parece que ni tan siquiera porvenir. Hasta que una noche, volviendo a su casa, una enorme luz verde pistacho la envolvió. El tono general de la luz era tenue, como una niebla densa. La atmósfera se hizo húmeda y asfixiante, la temperatura subió y un fuerte olor a moho saturó su olfato. Pronto se percató que sus pies perdían contacto con el suelo y poco a poco se veía elevada hacia el foco del que provenía esa luz. Perdido totalmente el control de sus músculos, Loty se asustó un poco. No sabía que le estaba sucediendo y temía que no iba a salir de esa.

Luego contó su experiencia a todo el que la quiso oír aunque, aseguraba, no recordaba más que retazos de lo acaecido. Dentro del lugar donde fue llevada reinaba un ambiente verde y mohoso, denso y húmedo, aún más intenso que el que la había abordado en la calle. Unas criaturas horripilantes y deformes, contorsionadas en formas imposibles que la imaginación no osa concebir y las palabras no bastan para describir, mas poseedoras de una aberrante belleza, la estaban esperando paciente y amablemente. Todo en ellas era supuraciones de líquidos flemáticos y viscosidades de olores intensos. Su tacto resultaba áspero y agradable a un tiempo y, tras su apariencia de seres fungiformes crecidos en espacios cerrados, húmedos y oscuros, bajo el amparo de calores extremos, despertaron la ternura de Loty. Quizá alguna suerte de tecnología claramente superior les permitió dominar la mente y las emociones de la incipiente meretriz que se entregó a ellos henchida de pasión y el más puro y genuino amor.

Durante un tiempo indeterminado Loty estuvo con aquellas deliroides criaturas. Toda la comunicación que tuvieron durante ese período, tanto entre ellos como con Loty, fue física, carnal si a lo que ellos tenían se le podía llamar carne. Ella insiste en que comprendía perfectamente todo cuanto le comunicaban y que se sentía así mismo plenamente entendida por ellos. El lenguaje del cuerpo que aprendió durante esa experiencia ya nunca le abandonó y cuando volvió al Barrio esta forma privilegiada de comunicación que aprendió con aquellos seres prodigiosos, le convirtió en lo que había aspirado a ser desde el principio, una de las mejores Putas del Barrio.

Las criaturas trasladaron a Loty sus preocupaciones y su curiosidad por los seres humanos, Loty se prestó para que la estudiasen. Pasaron muchísimo tiempo en unos bailes eróticos y sexuales que la llevaron al éxtasis y más allá. En esos bailes las criaturas la estudiaron por dentro y por fuera, le introdujeron sus grotescas anatomías y dejaron a su vez que la humana explorase sus orificios en una macabra danza de bestialísmico placer. En algún momento Loty vio como su piel había sido rasgada y sus vísceras eran extraídas y examinadas, pero, lejos de alarmarse, observó con curiosidad las evoluciones de los entes que aprehendían su cuerpo y su alma. Lo que para cualquiera hubiese sido una experiencia traumática representó para ella un goce casi inabarcable para lo que son los términos humanos. A pesar de haber sido desgarrada y vaciada no sintió dolor ninguno y sí una grandísima confianza, rayana la fe ciega, en que finalmente todo quedaría en orden.

En estos menesteres transcurrió la estancia de Loty con los seres, seres que en definitiva acabaron antojándosele a Loty como los más hermosos de todas las creaciones posibles.

Pero todo se acaba en la vida y la excursión de Loty acabó cuando fue devuelta al lugar de donde había sido tomada. ¿Cuánto tiempo había transcurrido entre su partida y su retorno? Loty afirma que no lo sabe y que no desea saberlo. Los recuerdos que le quedan de su experiencia afirma tenerlos como si de un buen y largo sueño se tratase, envueltos en la neblina onírica de lo irreal. Tanto aprecio le profesaba a su experiencia que no dudó en transmitirla a todo el que la quiso oír.

Pronto el rumor se extendió por el Barrio. Bueno, aquí las cosas funcionan de ese modo, rumores, cotilleos, chascarrillos y demás tienen el poder absoluto de definir lo que es real y lo que no dentro de los límites del Barrio de las Putas, y a veces también fuera. El rumor era claro y conciso: la Loty esa, sí la putilla esa nueva que no era especialmente hábil, se había vuelto loca y contaba unas aventuras descabelladas sobre extraterrestres secuestradores, pero eso sí, parece otra, te metes con ella en faena y es como si estuvieses con la mejor y más ardiente de las Putas.

Claro que era un rumor exagerado, yo lo comprobé por mí mismo. Era indiscutible que la Loty de ese momento era una evolución megatónica y casi increíble de la anterior, pero todavía no era todo lo que llegó a ser con el paso del tiempo. Era la historia de los marcianos lo que le daba interés y exotismo. Así, durante una temporada, Loty fue ascendiendo en la jerarquía putil hasta llegar al lugar de privilegio que ha acabado ocupando.

Itálico Martínez, como ya dije, me interrumpió prácticamente cada tres palabras con que si esto, que si lo otro, que si yo no me lo creo, que si eso cómo va a ser... ¡Uf!, más de una y más de dos se las podía haber callado y dejarme contar la historia tranquilo. Así es mi amigo el artista boligráfico, entiendo que el pobre se estaba enterando de cosas que le costaba trabajo creer que hubiesen sido así y no haber tenido noticia de ello antes.

Loty, le expliqué pacientemente, fue poco a poco callando más sobre la aventura que había tenido con el tema de la abducción. Cuanto mayor era su posición de privilegio, menos hablaba de ello. Todos lo tomaron como que estaba recobrando la cordura. Alguno se preocupó pensando que quizá con la cordura recuperase también aquella forma suya tan fría y superficial follar, pero esto no pasó. Loty estaba imparable y si cada vez callaba más era por mera prudencia, cuanto más callaba mejor le iba. Si alguna vez hablaba de ello se beneficiaba pues lo utilizaba para despertar la fascinación en sus clientes potenciales más reacios. Definitivamente, con el transcurrir de los años, Loty acabó dejando de hablar sobre esa historia y todos se lo respetaron, de modo que no es de extrañar que para cuando Itálico Martínez llegó al Barrio no se enterase de todo hasta aquella tarde de nuestra conversación.

La conversación giró durante un rato, tras acabar yo de contar la aventura ultraterrena de Loty, sobre la gran decepción del artista boligráfico. Que su amiga y Puta no le hubiese contado nada... ¿cómo podía haberle ocultado una cosa así?... él que tanto la apreciaba... él que le había hecho dibujos tan maravillosos...

Llegó a ser un poco cargante, la verdad, pero Turulo lo solucionó, sin pretenderlo, pues se aburrió y anunció su inminente partida.
- Quillo, yo me voy que tengo cosas que hacer. A ver si me dejáis un disquito del Robert Johnson ese, ¿no?. Que ya va siendo hora.
Itálico Martínez le respondió que si no lo había tenido antes era porque no se había interesado en buscarlo, entonces se quedó pensativo y yo completé la broma para despedirnos de él
- Si no fueses tan heavy a lo mejor a alguien se le habría ocurrido antes dejarte los discos. No te preocupes que ya te los traigo yo mañana.

Con esto y unas risas nos quedamos solos Itálico y yo. Me temía lo peor, una de las interminables disquisiciones sobre nimiedades que tan bien se nos dan por estos lares y en las que mi amigo es experto. Por suerte, la conversación con Turulo le había hecho darse cuenta de hasta donde podía pretender saber cosas que pasaron antes de su advenimiento al Barrio. Así que nos quedamos hablando de cualquier cosa, no recuerdo qué, y tomando una última cerveza a medias. Yo estaba un poco extrañado de que no siguiese dándole vueltas al tema y a su decepción y tal y cual, y esto, y lo otro... pero él parecía haberlo olvidado de momento y yo no se lo iba a recordar. Solamente, cuando nos despedíamos al final de la tarde él y yo, hizo una referencia al asunto a modo de conclusión personal.
- ¿Sabes si se ha hecho pruebas médicas después de eso? No tendría ninguna gracia que los marcianos le pegasen una enfermedad venérea interplanetaria y estemos todos en peligro de extinción.
Tras esto sonrió y se fue sin esperar respuesta. Yo por mi parte me fui a casa riéndome de su ocurrencia, una enfermedad venérea interplanetaria... ¿es eso posible?.

1 comentario:

Rocío dijo...

Félix, a este relato sí le pongo una pega y es que se me ha hecho corto. Reconozco que soy una incondicional del narrador de tus Cuentos, de sus palabras manuscritas y de lo profundo de su voz. Estoy encantada hasta con eso de que se le de bien perderse en "nimiedades" porque, en mi opinión, gana en matices.

Bonito papel el de Turulo, desde el momento en que te hace pensar sobre el hecho de que el ser un tanto cerrado de mente, priva a la misma del posible disfrute de nuevas sensaciones, más aún, si hablamos de Música.

Cierto es que, en ocasiones, la ficción puede llegar a ser un sucedáneo de la realidad. Los "extraterrestres" no siempre habitan en otro Planeta diferente al nuestro. En algún momento de nuestras vidas, todos podríamos reconocernos en ese sentimiento de fe ciega que Loty experimenta por esos seres de apariencia no humana, de los que tanto siente aprender y aprehender. Obviamente cada uno de nosotros impulsado por diferentes motivos, desde terrenales y reales hasta espirituales y surrealistas... a saber de las necesidades del alma de cada cual.

En cuanto a la ardua tarea de describir sensaciones y ahondar en sentimientos, qué decir... si ellos ya lo dicen todo, hablan por sí solos. Pienso que aunque haya momentos en los que no consigamos entender qué pretenden decirnos, no por ello, hemos de restar ni un ápice de veracidad a su lenguaje.

Me quedo con: "La masa se aborrega en pro de cualquier cosa que apele a su sentir y, con los sentimientos a flor de piel, comete incoherencias en las que jamás habría caído si no se hubiesen reunido en manada. Aquel que sabe tocar el subconsciente colectivo y apelar a esos sentimientos primarios e inalienables, aquel que es capaz de descubrir los senderos por los que discurre el conmover cotidiano, está en condiciones de manejar a la gente a su antojo destruyendo el libre albedrío de aquello que se lo regalan sin mayor planteamiento. Los sentimientos es lo único que es totalmente real para cualquier individuo."

Igualmente, me quedo con: "Somos tan estúpidos que tenemos escuelas para todo menos para aprender a disfrutar de nuestra sexualidad, en ese aspecto existe una religión dominante, aunque por fortuna cada vez domina menos, que más que enseñarlo se empeña en negarlo, ocultarlo, ensuciarlo... a saber por qué les parece tan malvado el sexo."