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domingo, 6 de febrero de 2011

UNA DE... meretrices. (I): Marini lo deja

La bondad es algo que uno elige. Cuando un hombre
no puede elegir deja de ser un hombre.

 - A. Burgess

Parece que va siendo hora de hacer justicia a nuestro querido Barrio y su particular idiosincrasia. Tras contar tantas historias de todo tipo, considero que es, más o menos, el momento apropiado para contar alguna historia sobre alguna de nuestras insignes Putas, meretrices si se prefiere, que soy consciente que en Ciudad Lejana decir Puta suena peyorativo. Suele ser habitual entre los desconocedores del tema, principalmente habitantes de Ciudad Lejana, pensar que nuestras queridas, admiradas, respetadas y nunca suficientemente ponderadas Putas, son seres maléficos que siembran de vicio el Multiverso en el que habitan las almas puras y castas, que se reprimen hasta asfixiarse en una sexualidad llamada normal, pero enferma por la falta de disfrute verdadero. No es así, no obstante, como las vemos aquí. De hecho aquí más de uno las tiene como si fuesen sus Musas inspiradoras y algunas de las grandes obras de arte contemporáneas en este lado del globo, han sido pergeñadas entre jadeo y jadeo de pasión putañera y salvaje aquí en el Barrio.

Marini era una de las Putas más adelantadas en este aspecto musiforme de su profesión. Su función como Musa de Alto Standing pasaba por ser la inspiradora de A. J. L., filósofo de pro, ensayista de postín y gran éxito internacional. Sus obras mundialmente conocidas han vendido miles de copias y están editadas en tantos idiomas que te sorprenderías si supieras el número, yo jamás pensé que hubiese tantas lenguas distintas. Yo tengo alguno de sus libros en mi casa, autografiados por el autor “para Marini con todo mi amor A. J. L.”, porque la buena de Marini no lee, yo creo que casi ni sabe, y me los daba a mí que soy muy amigo suyo, y bastante buen cliente ¿para qué engañarnos?. El tema es que a A. J. L. estuvieron incluso a punto de darle un premio Nonosequé de ensayo y pensamiento ilustrado pero cuando se enteraron que era tan putero dijeron que mejor no pues era un ser inmoral y por tanto contrario al espíritu de dicho premio, ¿alguien entiende a los lejanienses?. Yo, a nivel personal, le hubiese dado ese premio, o cualquier otro, porque lo cierto es que se lo merece, su libro De la Naranja Mecánica como fuente de inspiración poética me parece un acertado estudio de la poesía maldita y la lírica del horror de los últimos tiempos. Serio, sistemático, profundo y riguroso con un apartado especial para Civo, el Perlas, Rafa Lito y sus todos compañeros de la Generación del segundo 98. Marini aseguraba que las ideas principales de sus ensayos las discutía con ella entre envestida y envestida. Ella no le decía nada pues no entiende demasiado de temas para ella tan extraños, pero a veces la gente sólo necesita que alguien le escuche. Por ello es la Musa, sin ella tal ensayo definitivo, disección de nuestro tiempo y costumbres, jamás hubiese visto la luz. Aunque también hay que reseñar que A. J. L. es el culpable de algunas aberraciones del tipo De la belleza estructural de las piñas y El mundo visto a través de un agujero en la pared y bajo los efectos de varias drogas simultáneamente: cannabis, heroína, cocaína, LSD y televisión pública, que son serias candidatas a una ejecución sumaria tipo la sufrida por los volúmenes de caballerías de don Quijote. Por otro lado A. J. L. me felicitó el otro día por mis narraciones sobre el acontecer cotidiano de nuestro amado Barrio. Definitivamente no es un santo ni un demonio, tiene libros buenos y libros petardos, es uno más de los pululantes de los que, tarde o temprano, tenía que acabar escribiendo algo. Y entonces, un buen día, sucedió algo terrible que vino a desequilibrar esta idílica situación. Marini dejaba el oficio, se había enamorado de un cliente nuevo y se iban a casar. A. J. L. recibió la noticia con terror y lagrimas en los ojos.
- ¡¿Qué va a ser de mí sin mi Musa?!, - bramaba por el Barrio, como si él fuese el único que iba a tener que cambiar de costumbres.

Dice el acervo popular de dichos estúpidos sobre la prostitución que la que es Puta un día lo será toda la vida. Eso es una tontería, el que es profesor de universidad un día al siguiente puede perder su curro por mantener relaciones sexuales con un alumno y acabar de teleoperador, con lo que ya no es profesor de universidad. Pues con las Putas pasa lo mismo. Es como el típico y ñoño eufemismo de la profesión más antigua del mundo; si de verdad es la profesión más antigua del mundo ¿con qué le pagaron a la primera Puta?. Da la sensación de que las cosas están un poco jodidas para las pobres Putas, y en este sentido tampoco Marini lo tuvo fácil cuando quiso reconvertir su existencia por que había alguien que, celoso como una mala bestia de furibundos ojos rojos, estaba dispuesto a no permitir que la antigua meretriz abandonase su medio de vida. Para ello puso todo su ingenio y malicia a funcionar, ¡tenía que seguir siendo suya de vez en cuando!.

A. J. L. lo tenía todo preparado. No podía fallar y, además, aprovecharía la coyuntura para acercarse al tema de su nuevo ensayo para el que ya tenía un título rimbombante y plenamente adecuado: La inmutabilidad del alma humana, la imposibilidad de huir del ser o como las piedras nunca serán pájaros ni los pájaros hojarasca. Incluso ahora Marini seguía siendo su Musa e iluminación. Tan sólo tenía que conseguir que las cosas siguiesen como hasta ahora, salvando las pequeñas diferencias que no resultaban irreconciliables. Marini podía casarse y abandonar la prostitución, eso no era problema para A. J. L. Lo que no estaba dispuesto a admitir era que dejase de follar con él, previo pago, por supuesto, si no jamás le resultaría aceptable. La propuesta le parecía justa y plenamente fundamentada. No habría ningún problema con ella, sólo tenía que transmitírsela a Marini...

Marini siempre ha sido una persona sencilla, sin demasiadas aspiraciones ni enrevesadas intenciones ocultas. Había estado trabajando de Puta porque necesitaba el dinero para vivir y le gustaba mucho el sexo, siempre se había podido permitir el lujo de elegir los clientes pues nunca le faltaron, con lo que no vivía la prostitución como una experiencia traumática, como pasa en otros casos. Pero cuando se enamoró las cosas cambiaron sensiblemente. Ya sólo le apetecía mantener relaciones sexuales con su pareja y este, a su vez, la mantenía en todo lo que necesitaba y más, era muchimillonario y le sobraba el dinero, con lo que ya no tenía necesidad ni ganas de practicar su antiguo oficio. Todos lo entendimos y, una vez superado el saber que una de nuestras más queridas Putas quedaba fuera de nuestro alcance, nos alegramos bastante por ella que era realmente feliz con aquel tipo del que se había enamorado como una colegiala. A A. J. L. no le entraba en la cabeza y, a los pocos días de hacerse pública toda esta historia de amor, abordó a Marini por la calle ofreciéndole pasar un rato. Ella dijo que no y él le aseguró que pagaría religiosamente su precio. Ella le dijo que no le hacía falta el dinero. Él le dijo que no pensaba aprovecharse de ello para pedirle un descuento. Ella se enfadó. Él le ofreció el doble. Ella se enfadó más. Él subió su oferta. Ella le gritó. Él le gritó. Ella le dio un bofetón y se fue rápidamente. Él se quedó mirándola mientras se marchaba, como hipnotizado, sin acabar de comprender que era lo que había sucedido exactamente. Algo iba mal y A. J. L. iba a solucionarlo que para eso era un tío tan listo, escritor de ensayos de gran renombre y cuasi ganador del premio Nonosequé.

El segundo intento de A. J. L. fue realmente malévolo. De las cosas malintencionadas que se pueden llegara hacer en un caso de estos él optó por la peor. Si Marini le rechazaba porque no necesitaba dinero al ir a casarse con un muchimillonario, lo más fácil era impedir la boda y así ella tendría que volver al trabajo.
- Simple, elegante, ¡brillante! y con mucha mala leche, je, je, je, - se dijo a sí mismo.
Empezaba a actuar por algo más que por conservar la situación que se le escapaba de las manos, estaba resentido con Marini y quería vengarse de la humillación que había recibido al negarle sus favores. Nadie lo sabía, pero en su fuero interno se alegraba de que le estuviese resultando difícil de conseguir. Estaba recopilando, gracias a este primer fracaso, material muy jugoso para un capítulo de su magnífico ensayo.

Cavilando anduvo A. J. L. durante varios días. Se le veía ensimismado por la Plaza Grande, a veces hablando consigo mismo otras simplemente sentado en un banco mirando al infinito. Sacó unos libros bastante raros de la biblioteca ¡y se los leyó!. El bibliotecario me contó asombrado que le había pedido La Celestina, libro que, habitualmente, no leía más que algún que otro estudiante de instituto y porque le obligaban. Había un sentimiento general de espanto ante la posibilidad de que A. J. L. se estuviese volviendo definitivamente loco (lo cierto es que nunca le había faltado demasiado). Dicen que estuvo así hasta que un día salió corriendo, en pelotas, de su casa, todo mojado y gritando “¡Eureka!”, aunque no conozco a nadie que lo viera ni lo oyera directamente, sí que sé de un montón de gente que tiene un amigo, un primo, un sobrino, una suegra o un oligarca familiar que fue testigo de primera mano; siempre pasa algo así con las cosas realmente interesantes que suceden en el Barrio de las Putas, casi nunca lo presencio directamente.

Mientras el mundo giraba, A. J. L. buscaba el modo perfecto de hundir el matrimonio de su meretriz. En estas circunstancias lo más sencillo pasa por contarle al novio la verdad sobre el pasado de su futura esposa, un noventa y nueve por ciento de las veces el problema del bodorrio se resuelve solo y a favor del otro pretendiente. Marini, no obstante, iba a casarse con un cliente que ya sabía perfectamente a lo que se exponía. De modo que A. J. L. decidió, después de mucho cavilar, que la única solución era mentirle al muchimillonario y decirle que Marini seguía en activo. A muchos nos sorprende que un tipo tan inteligente se pegase tantos días pensando para llegar a una conclusión tan estúpida, el ser humano no siempre demuestra todo su potencial cuando realmente le hace falta.

Se fue el ensayista a casa del muchimillonario que lo recibió con los brazos abiertos, le admiraba desde el día, hacía ya varios años, en que leyó su magnífica obra El mundo visto a través de un agujero en la pared y bajo los efectos de varias drogas simultáneamente: cannabis, heroína, cocaína, LSD y televisión pública, sólo comparable desde su modesto punto de vista a la genial Historia ilustrada del yogurt, desde la Mesopotamia clásica a nuestros días. Le sentó en su salón y le invitó a una copa de whisky, un whisky de estos de un montón de years old de los que valen una pasta gansa y le brindó toda la hospitalidad que era posible y deseable. Entonces A. J. L. expuso el motivo de su visita, con toda cortesía y las mejores maneras que le fueron posibles comenzó a injuriar y desacreditar a la futura esposa de su amable anfitrión. Este confiaba tanto en su mujer, que olvidando las buenas costumbres expulsó de un modo bastante brusco al ensayista de su casa gritándole, mientras se alejaba dolorido calle abajo.
- ¡¡¡Y que sepa que era mentira que le admiro, su libro El mundo visto a través de un agujero en la pared y bajo los efectos de varias drogas simultáneamente: cannabis, heroína, cocaína, LSD y televisión pública es una gran MIERDA!!!.
Dicen que lo vieron salir arrojado con gran fuerza a través del cristal de uno de los ventanales de la planta baja de la mansión del muchimillonario, aunque tampoco conozco a nadie que viera ni oyera esto directamente, también ahora sé de un montón de gente que tiene un compañero de piso, una novia, un tío abuelo, una amante o un carpintero afiliado a su mismo sindicato que fue testigo de primera mano de los hechos; de nuevo me pierdo lo mejor, y eso que me paso casi todo el día en la calle.

Finalmente llegó el día de la boda de Marini y el muchimillonario. Todos asistimos emocionados a la ceremonia, que se realizó en un templo y según las directrices de una religión que no voy a mencionar para no herir sensibilidades, con nuestras mejores galas que quedaron eclipsadas, obviamente, por las de los invitados del novio. El casamiento iba por el camino habitual de estos menesteres cuando el oficiante se quedó callado un momento, como si estuviere, de repente, drogado. De detrás de él salió A. J. L., apuntando al religioso con un arma, desnudo y con un fajo de billetes enorme en la mano que no tenía ocupada con el revolver.
- ¿De verdad quieres renunciar a todo esto? - preguntó a Marini mirando alternativamente al dinero y a sus genitales.
Hubo un silencio sepulcral. Marini estaba roja de ira, apretando los puños. El muchimillonario conteniéndose para no organizar un escándalo que pudiere costarle caro al oficiante. A. J. L. con el cuerpo tenso, esperando una respuesta.
- Ya te he dicho que no voy a seguir trabajando, o te vas ahora mismo de aquí o vamos a tener un problema mucho más serio del que ya tenemos, - dijo Marini.
A. J. L. la miró con cara de no creerse lo que acababa de oír. La concurrencia explotó en un murmullo ensordecedor y el filosofó se fue llorando, abochornado, intentando, esta claro que este hombre no es tan inteligente como daba a entender, no llamar la atención.

Pasado un tiempo la historia quedó en aguas de borrajas, una simple anécdota que se agradecía pues añadió color a la boda de Marini y el muchimillonario, algo que contar y que dio que hablar a los corrillos marujiles del Barrio de las Putas. Las cosas se calmaron y todo volvió a estar donde le correspondía, más o menos. La baja de Marini entre las filas de las Putas se notó en un aumento del trabajo de las demás, durante un tiempo.

A. J. L. daba la sensación de haber desaparecido de la faz de la tierra, o por lo menos del Barrio. Itálico Martínez, que siempre se entera de todo pues para eso es el más cotilla, me contó que un amigo suyo sabe que se ha ido a vivir a Ciudad Lejana en el anonimato después de su vergonzosa intervención en la boda de marras. Dice el amigo de Itálico Martínez que pasado un tiempo A. J. L. hizo las paces con Marini y que la visita de vez en cuando para contarle sus proyectos para futuros pues sigue sin poder escribir sin su ayuda, aunque ahora se conforma con que le escuche. No obstante, el ensayista es incorregible y le paga las visitas a su antigua Puta, sino no se siente bien escuchado, con lo que Marini ha pasado a ser psicóloga. A. J. L. ha escrito finalmente el ensayo La inmutabilidad del alma humana, la imposibilidad de huir del ser o como las piedras nunca serán pájaros ni los pájaros hojarasca, aunque con una perspectiva distinta, dicen que está muy bien, que retoma el espíritu de sus obras más elevadas, y que la Academia Lejaniense de la Letras está pensando de nuevo darle el premio Nonosequé, ahora que tiene una psicóloga en lugar de una Puta ya no es un ser amoral sino un ejemplo para la sociedad. Algún día de estos pasaré a ver a Marini para que me regale la copia de La inmutabilidad del alma humana, la imposibilidad de huir del ser o como las piedras nunca serán pájaros ni los pájaros hojarasca que seguro que le ha dado A. J. L. y no va a leer, yo empiezo a tener curiosidad por leerlo, y ya de paso le preguntaré por el rumor que corretea por ahí, las malas lenguas dicen que A. J. L. no sólo le cuenta sus proyectos a Marini sino que también se pasa todo el tiempo que están hablando masturbándose siendo esta la medida del tiempo de sus conversaciones.

3 comentarios:

Rocío dijo...

Tu relato me hace reflexionar sobre como puede llegar a actuar el ser humano si se siente amenazado en su equilibrio emocional, con el añadido de asistir al desvanecimiento de su Musa inspiradora. Orgullo, dignidad, inteligencia, saber estar... todo eso y algo más pueden escapar sigilosas por la puerta de atrás si nos obligan a cambiar de costumbres que sentimos vitales, en tanto son alimento de nuestro espíritu. Entre otros fragmentos, me quedo con: "Suele ser habitual entre los desconocedores del tema, principalmente habitantes de Ciudad Lejana, pensar que nuestras queridas, admiradas, respetadas y nunca suficientemente ponderadas Putas, son seres maléficos que siembran de vicio el Multiverso en el que habitan las almas puras y castas, que se reprimen hasta asfixiarse en una sexualidad llamada normal, pero enferma por la falta de disfrute verdadero. No es así, no obstante, como las vemos aquí. De hecho aquí más de uno las tiene como si fuesen sus Musas inspiradoras y algunas de las grandes obras de arte contemporáneas en este lado del globo, han sido pergeñadas entre jadeo y jadeo de pasión putañera y salvaje aquí en el Barrio."

Félix dijo...

Aunque normalmente está admitido que el cerebro es el órgano que sirve para pensar, sucede a menudo que utilizamos otros dos para estos mismos menesteres, el corazón y... sí, lo adivinaste, jajajaja. Personalmente pienso, lo he constatado en mis propias carnes, que si cada órgano tiene una función bien delimitada utilizarlos para otra cosa puede tener consecuencias funestas.

Y finalmente, espero que por ahora, te doy las gracias por tu lectura, por tu entusiasmo, por todos tus comentarios y por el apoyo que me estás brindando. En unos días, tal y como encuentre tiempo, vendrá el siguiente, ojalá también te guste (y al resto de los que se asomen por aquí)

Rocío dijo...

¿Que adiviné el qué?, nunca se me han dado bien las adivinanzas pero en este caso me parece que no tengo excusa jaja. Y ahora me pongo seria, porque si constatas en tus propias carnes... Si te sirve de consuelo (ya imagino que no), eso de confundir las funciones de los órganos es vivencia universal. Somos humanos, no bloques de hielo o algo peor. Así pues, como simples y complejos humanos que somos, confundimos, nos equivocamos, volvemos a confundir y nos volvemos a equivocar. Aunque con eso de que aprendemos de nuestros errores y rectificar es de sabios, asoma la esperanza en la buena elección del camino.

Y, aprovechando la coyuntura, voy a utilizar uno de los referidos órganos para darte las gracias. De todo corazón, mil gracias por varias cosas: por tus Cuentos y sus personajes; por escribir como escribes; por entusiasmarme e ilusionarme; por hacerme pensar; por hacerme sentir; por contestar a todos mis comentarios y agradecérmelos; por permitirme conocer opiniones tuyas que desconocía; por todas y cada una de tus palabras.

Esperamos el siguiente relato como agua de mayo, estoy convencida de que me gustará a mí y a muchos más. De nuevo, gracias por todo Félix.