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martes, 23 de noviembre de 2010

LA GRAN REDADA

I
Donde se cuenta como empezó la cosa, lo cual fue, como suele acontecer, sin comerlo ni beberlo, por una tontería que dijimos en una de las conversaciones que, habitualmente, tenemos en la escalera del conocimiento.

Para que nos pasemos miles de horas sentados en la escalera del conocimiento, charlando sobre cualquier tema y diciendo todas las tonterías que se nos ocurren, no tiene que pasar nada especialmente raro. Basta con que estemos cansados de la “Taberna 19” y queramos seguir la conversación en otro sitio. ¡Siempre acabamos allí!. No sé como nos las apañamos y, de hecho, ya ni nos resistimos a ello. Esto, de todas formas, tiene algo bueno; cuando no encuentras a nadie en el bar o en su casa ya sabes donde están metidos.

Fue Salva quien le puso el nombre a dicha escalera. No sé si porque es la escalera que lleva a la biblioteca del Barrio, o por algún otro motivo que solo él entiende, pero un día que estábamos allí departiendo apareció y dijo:
- Otra vez en la escalera del conocimiento, ¿no?. - La expresión nos hizo gracia y se le quedó el nombre.

La escalera del conocimiento es muy ancha con lo que la misma costumbre que tenemos nosotros la tiene mucha otra gente. La Plaza Grande está muy bien también, pero los bancos no permiten reuniones de varias personas sentadas, o al menos no permiten que se sienten todos, y, además, un par días en semana se llena de gente por los mercadillos que allí se organizan. En consecuencia, acabamos bastantes mañanas y tardes en la susodicha escalera. La Plaza Grande es más para ir de noche.

No todos vamos allí. A Itálico Martínez es más fácil encontrarlo en la Plaza Grande, donde los artistas boligráficos, dibujando, es su trabajo. Por eso aquel día no estaba y se perdió la historia. Habíamos pasado Civo y yo toda la mañana en la “Taberna 19” hablando de casi cualquier cosa, al borde del medio día apareció por allí Turulo. Turulo es el guitarrista de L´ardiente Sangrienta, el grupo más emblemático del Barrio, y un buen amigo nuestro. Tanto Civo como yo teníamos muchas ganas de verlo pues todos se habían trasladado recientemente a la capital para negocios respecto al grupo y queríamos saber cómo les había ido. Turulo no necesita mucho para hablar durante horas, como cualquiera de nosotros, por lo que no tuvo inconveniente en contarnos que tal les había ido. Pero antes, pues llevábamos allí toda la mañana, Civo propuso ir a la escalera del conocimiento. No había salida posible, la escalera nos atraía, con su misteriosa influencia sobre nosotros, de un modo irremediable.

De nuevo en la escalera del conocimiento. Hay veces que uno cree que se va a volver loco a la siguiente que vaya. Esta vez no pues ciertamente estábamos ansiosos por escuchar las noticias que Turulo traía. Además ese día la escalera estaba poco concurrida, apenas unos chavales que se habían saltado el Instituto para beber una cerveza de a litro y fumar unos pitillos y los típicos colgados de los tambores. Turulo nos contó su periplo por la capital sin perder la sonrisa, sólo le he visto perderla una vez y fue por algo bastante grave, pero visiblemente decepcionado por los resultados.
- Demasiada competencia, demasiado dura y de demasiado nivel, - nos comentó a modo de conclusión. Demasiado demasiado para cualquiera, sospecho.

En vista de que el viaje no había sido tan fructífero como esperaban Civo hizo un hábil cambio de tema con la sana intención de que Turulo se sintiese mejor. ¿De qué hablar? Obviamente de sexo, el tema universal e irresistible. Fue en ese momento, aproximadamente, al sonido de la palabra sexo, cuando apareció Salva con su habitual:
- ¿Dónde ibais a estar si no?

Salva era uno de nuestros contertulios habituales, el tipo de personaje que frecuenta nuestro círculo de divos y bohemios sin más oficio que una esporádica dedicación a alguna de las artes, que algunos nos tomamos más en serio que otros, y sin más beneficio que lo justo para ir tirando. En cualquier caso Salva es de esos suertudos que pueden hacer lo que le dé la gana pues tiene una interesante pensión, que le da para vivir bastante bien, por haber ganado un concurso de una popular marca de café, ¡gane ypicomil mensuales el resto de su vida con solo mandar equis códigos de barras de nuestro producto!. Hasta que conocí a Salva pensaba que eso no le tocaba a nadie, pero parece que sí que toca. De modo que Salva se dedica a vivir y a estudiar un poco para no oxidarse. Por eso lo conocimos, a la salida de la biblioteca. Por eso nos vio aquel día, salía de estudiar. La conversación con Salva siempre resulta interesante, aunque a veces demasiado densa, pues no falla que para cualquier tema él tenga un amigo qué...

En los últimos tiempos estaba un poco perdido, se había echado novia y se habían ido a vivir juntos. Supongo que la cohabitación requiere mucho de tu tiempo libre y te obliga un poco a perder el contacto con los habituales. Hacía una eternidad que Salva no se dejaba caer por la escalera del conocimiento y no sé ni cuanto que no nos íbamos juntos a visitar a Natuschka para una jornada de reflexión. Bueno, es ley de vida y nosotros nos alegrábamos muchísimos por él pues Rifia, su novia, es una chavala encantadora.

La conversación de la escalera degeneró a cotas insospechadas y acabamos haciendo una especie de pique entre Civo y yo. El tema es que había que escribir una carta al director del diario más conservador de Ciudad Lejana. El que la escribiera más pasada de rosca y provocadora, de modo que saliesen más cartas en el diario en contra de ella, ganaba un cafelito con churros. Claro que para ello primero habrían de publicarlas pues no todas las cartas que reciben las publican, en ese caso ganaría el que consiguiera que no se la publicaran de cafre que fuera la carta. Si ninguna de las dos resultaba publicada ganábamos los dos y nos invitábamos el uno al otro. Nuestro acuerdo fue muy elogiado tanto por Turulo como por Salva, tanto que decidimos irnos a ver Natuschka para tener una buena jornada de reflexión que nos aclarase las ideas para saber que escribir y para celebrar la reaparición de Salva.

A punto estábamos de ponernos en camino cuando Salva dijo que tenía que avisar a Rifia de que iba a tardar mucho en volver al hogar. Pobrecilla, mejor así no se fuese a preocupar por una minucia. Entonces, y eso sí que fue el acabose, en vez de irse a llamar a la cabina, se sacó del bolsillo de la chaqueta ¡un teléfono móvil!. En aquella época casi nadie tenía uno de esos odiosos aparatitos. Realmente eso de tener novia estaba transformando, y mucho, a Salva.

II
Donde se cuenta como nos fuimos a montarnos la jornada de reflexión en casa de Civo. Además se da cuenta de la casa de Natuschka y de cómo esta estaba realmente contenta con Rrrr, su nueva ayudante.

Natuschka nos recibió con los brazos abiertos puesto que no sólo somos clientes habituales sino también amigos. Así da gusto ir a los sitios y más cuando es un viejo caserón como el que tiene Natuschka. Por el Barrio de las Putas corren leyendas sobre ese lugar para ahuyentar a los niños, en parte difundidas por la misma Natuschka, en las que se cuenta que el caserón está maldito y poseído por los espíritus malignos de las brujas que llevan generaciones viviendo y muriendo allí. La imagen distorsionada que de las brujas dan los cuentos de hadas se encarga del resto, de este modo los niños, y muchos adultos, se mantienen alejados del jardín de Natuschka y esta puede cultivar sus deliciosas manzanas sin riesgo de robos. También así se asegura que el que se acerca a su casa es con conocimiento de causa, pocos somos los que sabemos que la especialidad de Natuschka es la homeopatía, además de los shamánicos preparados ancestrales que nos llevan allí tan a menudo. Natuschka lo prefiere así, no quiere enriquecerse sino seguir viviendo tranquila y su jardín le da lo suficiente como para no necesitar gran cosa del mundo exterior. Supongo que estas costumbres de encierro, el lúgubre aspecto de la casa, los rumores que corren y las leyendas que ella misma ha puesto en circulación, son suficientes para mantener alejado a quien no tiene porqué acercarse.

De los cuatro camaradas que fuimos aquel día a casa de Natuschka solo Turulo y yo éramos realmente habituales del lugar. Civo apenas iba pues rara vez entraba en el juego de buscar estados alterados de consciencia, en pocas ocasiones bebía y, que yo supiera, hasta entonces, no había participado más que en un par de jornadas de reflexión. Por su parte, Salva llevaba sin aparecer por allí casi una eternidad, bueno, no tanto, solo el tiempo que hacía desde que se fue a vivir con Rifia. De este modo Natuschka tuvo una mayor alegría aun si cabe al vernos pues fue el reencuentro con un viejo amigo y el honor de la visita de un gran poeta, añadidos a la visita de unos amigos. Además la bruja parecía deseosa de recibir visitas y pronto supimos la causa. Natuschka vivía en una especie de felicidad bestial desde que Rrrr entró a trabajar de ayudante con ella. No sólo porque Rrrr fuese buena ayudante y una tía extraordinaria, que lo era, sino también porque al fin había encontrado una heredera digna para su casa y su sabiduría. La casa de Natuschka, así como sus libros y sus profundos conocimientos llevaban siglos pasando de madres a hijas, pero nuestra bruja resultó ser estéril con lo que no pudo tener hijos y como, para acabar de arreglarlo, nunca se había casado, pues no le dejaron adoptar una niña por más que lo intentó. A punto estaba de desesperar cuando Rrrr apareció en escena. Ahora Natuschka es feliz, pero feliz, feliz. Irradia alegría por todos los poros de su piel.

Una vez Natuschka nos hubo provisto de la pomada que habíamos ido a buscar, pusimos rumbo a casa de Civo. Civo insistió mucho en hacer de anfitrión para nuestra jornada de reflexión.
- Tengo unos CD´s nuevos muy a propósito para este evento. Son unos personajes extranjeros que tocaron hace poco en la Sala Votiscum con sitar y tablas. Les pillé los compacts porque eran realmente baratos. Vais a fliparlo con ellos.
Y Civo es demasiado grande como para decirle que no, aparte del hecho de que a todos nos gustó la idea, incluso a Turulo que aunque es muy heavy metal es consciente de que a veces es mejor escuchar otras músicas.

Tuvimos que cruzar todo el Barrio para llegar a casa de Civo que vive allende la Plaza Grande casi en la frontera que nos separa de Ciudad Lejana. La calle deidad enamorada, en la cual vive Civo, es muy tranquila a diario. Solo los fines de semana plantea algún que otro problema pues hay en ella un bar de ambiente gay y arman un poco de jaleo. Esto saca de quicio a Civo que es un gran amante de la tranquilidad y que, nadie es perfecto, odia en profundidad a los homosexuales. Siempre llega contando los escalofríos que le recorren la espalda cada vez que “Peludo e Indecente” está abierto y tiene que pasar por la puerta. Hay quien dice que la homofobia es un modo de homosexualidad reprimida, pero yo no voy a decir que estoy de acuerdo, que seguro que Civo acaba leyendo esto y no le sienta nada bien, ya os he dicho que es muy grande, ¿no?. Aquel día sin embargo era miércoles, y “Peludo e Indecente” no abre más que de jueves a domingo, con lo que la cosa prometía estar tranquila.

III
Donde se demuestra empíricamente la inexistencia de dios y semejoides.





























IV
Donde volvemos a ver a Salva y nos cuenta algo espeluznante. Además se cuenta también el efecto que tuvieron las cartas que escribimos a aquel diario tan carca. Por otro lado yo no creo que todo esto fuera para tanto, ninguna de las dos cosas, pero no hay efecto sin causa, dicen, por lo que ahora toca explicar las consecuencias de nuestras acciones o, dicho de otro modo, el pedazo de pollo que se montó por una tontería como otra cualquiera.

Generalmente las conversaciones de la escalera del conocimiento en las que prometemos por activa y por pasiva hacer esto o aquello, llevan la sombra de la no realización volando por encima suya casi desde el comienzo. Aquel día, sin embargo, sí que nos picamos con el tema, y tanto Civo como yo enviamos sendas cartas al diario más conservador de Ciudad Lejana, a cual más brutal, con la sencilla intención de escandalizarlos. Obviamente, ambas iban firmadas con pseudónimo, aunque debidamente complementadas con la denominación de origen. Mi pseudónimo fue Auán Tutxitxi del Barrio de las Putas. El de Civo no lo recuerdo, pero también acababa en del Barrio de las Putas. Sólo quedaba esperar la reacción con la intriga que nos corroía el estomaguillo. ¿Quién crearía mayor sensación?. Bueno pues el tema es que ganamos los dos. Aquello fue poco menos que un escándalo local.

Varios días después de haber enviado nuestras epístolas, Ciudad Lejana despertaba con un preocupante titular en primera plana de su diario más reaccionario y leído. “¡Los habitantes del Barrio de las Putas son unos asesinos y violadores que, además se jactan de ello!”. Luego explicaba como habían llegado nuestras cartas y exponían alguno de sus más jugosos fragmentos remitiendo a una página del interior en la que se reproducía el texto completo de ambas misivas acompañadas de comentarios de las autoridades civiles y religiosas de Ciudad Lejana. ¡Había que poner pie en pared y acabar con el desgaste moral en el Barrio delas Putas!. Además, por si esto fuera poco, la policía iba a hacer una investigación en el Barrio para buscar a los autores de ambas cartas para meterlos en cintura y, ya de paso, dar un poco de caña a toda la fauna del Barrio de las Putas que, como ya se sabe, son unos indeseables. Putas, borrachos, bohemios, filósofos, músicos callejeros, vendedores ambulantes, chulos, camellos, jóvenes divirtiéndose, yonkies... todo cuanto a un buen policía le gusta apalear de vez en cuando.

Civo y yo nos miramos culpables al ver el resultado, pero pensábamos que no cumplirían con su, por otro lado tan habitual, amenaza pues no sabrían por donde empezar y nadie en el Barrio les daría la información necesaria para que pudiesen poner manos a la obra. No pensamos en dos cosas, la primera era la posibilidad de que mandaran un secreta para recopilar la información de un modo subrepticio. La segunda que había alguien que sí estaba dispuesta a dar determinadas pistas. De las dos cosas nos enteramos pronto.

Salva llegó poco después de que leyéramos el periódico y traía malas noticias. El día que habíamos estado de jornada de reflexión en casa de Civo la pomada de Natuschka resultó ser especialmente buena, tanto que nuestra jornada se transformó en tres días colgados en casa de Civo. Cuando Salva retornó al hogar, Rifia estaba muy preocupada por no saber nada de él. Le había llamado al móvil como medio millón de veces pero Salva estaba tan morado que no se enteró. Cuando Salva le contó el motivo del retraso toda la amorosa preocupación de Rifia se tornó en un enfado de proporciones megatónicas. Tan grande fue el enfado de Rifia que varios días después aun le duraba de modo que cuando leyó en el periódico nuestras cartas y artículo no dudó en llamar a la policía y contarle lo que sabía que no era poco, aunque por suerte tampoco demasiado. Lo suficiente para meter a Natuschka en un buen lío y ponernos a nosotros en el punto de mira de las preguntas.

Quizá todo esto fuese ya preocupante, pero es que encima el resto de la prensa local se hizo eco de la noticia de las cartas que se empezaron a interpretar como una amenaza a la seguridad ciudadana. Incluso en la televisión se habló de ello y hasta se hicieron debates en torno al tema en algunos programas de radio. Parecía que estuviesen esperando que hiciésemos algo para echársenos encima. ¡Que barbaridad!. Es en momentos como estos cuando uno se da cuenta del poder de los mass media. De repente el Barrio se llenó de un turismo morboso en busca de asesinos que pudiesen ser descubiertos por su actuar cotidiano. Algo así como ir de safari fotográfico a las Tierras Salvajes del Sur. Itálico Martínez por su parte vendió muchos dibujos en aquellos días pues todo el que venía en busca de un asesino al Barrio, creía, o estaba dispuesto a creer, que el bueno de Itálico Martínez era un homicida encubierto y que sus dibujos reflejaban esto a la perfección. Incluso, tiempo después, salió un libro a la luz, “El arte de un asesino”, escrito por un famoso psiquiatra en torno a los dibujos de Itálico Martínez, sin nombrarlo pero sabiéndose que era él, que se vendió muy bien antes de ser retirado del mercado tras una denuncia por difamación que el artista boligráfico puso a su autor. Mientras, el libro que multiplicó de un modo sorprendente sus ventas fue “Del asesinato considerado como una de las bellas artes” de Thomas de Quincey. Una curiosa fiebre se había apoderado del Barrio de las Putas y Ciudad Lejana.

V
Donde se reflexiona un poco sobre el papel disruptivo de la mujer en muchas historias conocidas o por conocer. Ya de paso aprovecho para presentar a un nuevo personaje importante en esta historia, la pequeña Cherc. Una curiosa mujercilla que apareció en el Barrio con la oleada de curiosos.

Cuenta un libro que una vez leí, otros libros que he leído sobre el tema cuentan la película de otro modo, que Wagner y Nietzsche fueron buenos amigos durante bastante tiempo. El filósofo había hecho sus pinitos en el mundo de la composición musical con anterioridad a dedicarse a la reflexión. Escuchar las obras musicales del filósofo resulta curioso e interesante y no tan ingrato al oído como me habían dicho, ni mucho menos tanto como otras cosas que se han presentado a mis pabellones auditivos, aunque siempre es más productivo leer su obra filosófica. De todas formas el genio del pensamiento admiraba a Wagner y se hicieron buenos amigos. Durante un tiempo Nietzsche habitó en casa de los Wagner y a mí me parece ver a los dos amigos, Ricardito Wagner y Fede Nietzsche, paseando juntos hablando de escalas musicales y filosofía. Pienso que hicieron muy buenas migas porque los dos tenían mucha cierta a la ruptura con lo anterior, el filósofo quería trascender la moral impuesta por sus ancestros, el músico estaba poniendo las bases a un nuevo sistema armónico más allá de la tonalidad. Luego volvían de los paseos y cada uno iba a sus tareas. Ricardito pasaba horas ante el piano pintarrajeando notas sobre el pentagrama, momento que Fede aprovechaba para intimar con Cosima, la mujer del famoso genio del sonido e hija, a su vez, del no menos fabuloso Franz Liszt. La historia que se estudia en los libros de texto cuenta que el odio que con posterioridad se profesaban ambos personajes venía del hecho de que Ricardito había abrazado la religión de la cual abominaba su antiguo amigo Fede. Sin embargo, según la otra versión aquí expuesta, y tomada de no recuerdo donde, mal asunto si pretendo ser exhaustivo, nos cuenta la auténtica verdad del asunto. Vale que una conversión del músico a tal religión pudo haber indignado al filósofo, pero lo realmente importante en la discusión fue que Nietzsche se tiraba a la mujer de Wagner.

Incluso un libro llegó a escribir el filósofo dando rienda suelta a su desprecio por el músico. Pienso que es una historia muy interesante pues es un ejemplo más de cómo las mujeres son capaces de influir en la historia. Se me ocurren otros ejemplos de los cuales todos son loables intervenciones de las mujeres en el devenir de la existencia y que, de un modo u otro, condicionan el final de la historia. Ahí tenemos a Eva y su afición de proveer de manzanas como exponente primigenio de mi teoría, aquí tenemos a Rifia como exponente actual que me llevó a pensar todo esto. Ahora se me echarán encima por decir estas cosas, pero si quieres que dos amigos se peleen y odien de por vida, nada mejor que una mujer o el dinero, o mejor las dos cosas.

Rifia había llamado a la policía con la mejor voluntad del mundo. Quería salvar a Salva de las garras de las drogas y de una muerte lenta y dolorosa a manos de uno de sus psicópatas compañeros de correrías. No es que Rifia pensara todo eso en verdad, estaba cabreada por el susto de aquel día y eso se le mezcló con su credulidad a todo lo que lee en la prensa o ve en la televisión. Mala mezcla.

Pocos días después de que Salva viniese a avisarnos de que Rifia había dado el chivatazo, y entre medio de la multitud de curiosos que inundó el Barrio de las Putas a raíz del tema de las cartas, apareció la pequeña Cherc. Como casi todo el mundo se quedó alucinada con los dibujos de Itálico Martínez, de ello se continuó que le acribillara a preguntas sobre los usos y costumbres del Barrio. Fue cuestión de días que pasara todo el tiempo con nosotros, entre la “Taberna 19” y la escalera del conocimiento, compartiendo la vida cotidiana.

La pequeña Cherc era realmente pequeña, poco más de metro y medio, pero metía jaleo como si fuera del tamaño de Civo, que mide más de dos metros y tiene una considerable envergadura. Hablaba la susodicha como si estuviese condenada a no callar nunca. Aun así también era todo curiosidad, se deshacía a preguntas en torno a absolutamente todo y todo cuanto se le decía lo registraba en una memoria prodigiosa que tenía. Yo creía que pretendía escribir un libro sobre el Barrio y estaba un poco receloso con respecto a su presencia, ¡el cronista del Barrio de las Putas soy yo! (siempre estuve de acuerdo con Descartes en que la idea de un solo hombre ha de ser llevada a cabo por ese hombre únicamente). El resto de la gente estaban encantados con la, por supuesto encantadora, pequeña Cherc. ¿Cómo sospechar de una mujer tan encantadora e interesada por todo cuanto le podíamos ofrecer?.

VI
Donde la pequeña Cherc, que ya tiene confianza con nosotros, nos propone una jornada de reflexión que no llega a consumarse pues Natuschka la echa de su casa por obscena.

Quiera que no la pequeña Cherc fue haciéndose, en pocos días, un lugarcito en nuestros corazones. Tomó confianza con nosotros y nosotros con ella, de modo que no fue extraño que alguien le hablara de las jornadas de reflexión que a veces tenemos. No es que sean lo más importante en nuestras vidas, pueden pasar incluso varios meses de una a otra, pero son algo así como un rito religioso de carácter laico, aquí somos casi todos ateos. En definitiva, son eso precisamente, jornadas de reflexión para encontrarte contigo mismo en un estado distinto y explorar nuevas posibilidades. No pensábamos que hablarle de todo esto a nuestra nueva amiga fuese a tener consecuencias negativas, pero debimos empezar a sospecharlo cuando el interés que mostraba habitualmente por todo se desvaneció en pro de lo que le habíamos contado de las jornadas de reflexión y de Natuschka. Lo que sí que nos tendría que haber puesto en guardia, pues era muy raro, era el vocabulario que usaba. Para todo, la pequeña Cherc había mimetizado nuestros usos y costumbres al hablar, en pocos días hablaba como cualquiera de nosotros, y eso que nuestros usos del lenguaje son a veces extraordinariamente peculiares. ¡Llegó incluso a usar con soltura términos tan exclusivos del Barrio como apoyetarse, abstruso, mataforizar, puñero y boligráfico!. Por eso mismo cuando, tras escucharnos hablar largo y tendido de la bruja y sus preparados, se refirió a todo ello con un léxico distinto, y realmente agresivo, deberíamos haber sospechado que había gato encerrado. Camello, drogas, ponerse, yonkie, vicio, colocarse y demás términos insultantes salían de su boquita de piñón con total naturalidad. Con ello no sólo confundía las cosas al equiparar nuestra experiencia mística con el discurso mayoritario en torno a las drogas, substancias que lejos de despertar al ser humano, matan la inquietud y cortan el desarrollo individual, sino que, además, un poco sí que nos ofendía. Por esto, y por el interés que mostró por conocerlo todo de primera mano, decidimos aceptar su propuesta de llevarla a casa de Natuschka e invitarla a una jornada de reflexión para que, una vez lo hubiese experimentado por sí misma, dejase de considerarlo de un modo tan negativo.

De este modo, quizá un poco inconsciente, fue como llevamos a la pequeña Cherc a casa de Natuschka sin sospechar en ningún momento, a pesar de tener pistas y motivos para hacerlo, que esta personajilla no era trigo limpio, que se trataba de una policía de incógnito. Pero es que aquí a veces somos demasiado confiados y a todos nos gusta hablar demasiado, con lo que estaba cantado que la pequeña Cherc iba a obtener la información que quisiera, tras haber captado nuestra confianza, tal y como empezase a indagar. Menos mal que, dentro de lo malo lo menos malo, y no le dio tiempo a preguntar si sabíamos algo de las cartas de marras pues Civo y yo, siendo como somos dos divos irreparables, rápidamente nos hubiésemos jactado y glorificado por haberlas escrito. Entonces sí que nos habríamos metido en un lío. Por suerte los ánimos estaban bastante alterados a raíz de nuestra bromita de modo que, quizá por primera vez en mucho tiempo, fuimos discretos con respecto al tema. Lo sabíamos nosotros dos, Salva y Turulo, con eso era más que suficiente. ¿Para qué arriesgarnos a un jaleo que nos costara caro tan solo por reivindicar la autoría de esos escritos menores? Bueno, lo cierto es que yo sí que me sentía, y me siento, orgulloso de la carta que escribí, era especialmente cruda y consiguió al doscientos por cien su objetivo de escandalizar a Ciudad Lejana.

Llegamos a casa de Natuschka y nos recibió Rrrr. Natuschka estaba en el jardín recogiendo algunas plantas para un preparado nuevo y no se la podía molestar. Hay algo de sagrado en todo lo que Natuschka hace, por eso es una bruja. Sus prácticas milenarias exigen un cierto ritual, de modo que si Natuschka está recolectando plantas y tú quieres verla o esperas o vuelves más tarde. Para matar el tiempo mientras volvía la bruja, pues decidimos esperar, Rrrr le estuvo ensañando la casa a la pequeña Cherc. La gran marmita donde se hacían los potingues ancestrales, una auténtica pieza de museo de valor y edad incalculables; las mascaras rituales de distintos lugares del mundo que tanto Natuschka como sus antecesoras habían ido adquiriendo en sus viajes por todo el orbe en busca de conocimientos nuevos sobre su arte; las velas de distintas formas, colores y olores que usaban para iluminar la casa y crear el ambiente de calma y misticismo que envolvía cada una de las habitaciones; los libros de la biblioteca, miles de libros, algunos modernos pero la mayoría antiquísimos y escritos con caracteres y lenguajes ilegibles para casi todo el mundo...

La pequeña Cherc registraba todo en su prodigiosa memoria con gran entusiasmo. Creo que, a pesar de que venía de policía secreta con malvadas intenciones, la visita guiada por casa de una auténtica bruja de cuento le estaba resultando harto interesante. En casa de Natuschka siempre hay algo nuevo que descubrir.

Estaba Rrrr enseñándonos los animales disecados, algunos de los cuales habían pasado por manos del taxidermista hace tanto tiempo que ya no se conocía que existiesen miembros de su especie vivos, cuando al fin acabó Natuschka con su tarea y vino a atendernos en persona. Le presentamos a Cherc y hablamos un tiempo sobre banalidades. La bruja nos pidió disculpas por habernos hecho esperar, no sabía que hubiésemos llegado a verla, y nos preguntó a que se debía el honor de una visita nuestra tan pronto pues, ciertamente, nunca habíamos dejado pasar tan poco tiempo entre una y otra. Se lo explicamos para que no pensase que empezábamos a desarrollar algún tipo de enganche chungo por las pomadas y los bebedizos que preparaba. Entonces fue cuando la pequeña Cherc habló pidiendo lo que, según ella había pensado, veníamos a buscar. Estaba tan convencida de lo que iba a encontrar allí que no nos escuchó con atención, ni a Rrrr, cuando le explicamos todo con respecto a la bruja y las jornadas de reflexión; así que habló y pidió lo que, a su juicio, buscábamos.
- Queremos heroína de la buena, para ponernos bien puestos. Tres dosis por persona. También cocaína en abundancia de la mejor calidad posible.
Natuschka miró alucinada a Cherc. Nosotros nos asustamos tan sólo con oír lo que decía, temimos que Natuschka nos prohibiera volver jamás a su casa por haber llevado a semejante insolente a su presencia. ¡Nunca nadie había sido tan obsceno de pedir semejantes aberraciones en aquel lugar sagrado!. Antes que tuviésemos tiempo de reaccionar Natuschka estaba gritándole a la pequeña Cherc que se fuese de su casa y que no volviese nunca más, que los enganchados no tenían sitio allí. Estaba indignadísima.
- Esto es un lugar de conocimiento y reflexión, de autotrascendencia, no un nido de yonkies pequeña insolente. ¡Fueraaaaa!.
Nunca habíamos visto la bruja tan enfadada y nos asustamos. Cuando hubo expulsado a la pequeña Cherc de su templo se volvió hacia nosotros y nos echó también, no era para menos, aunque consiguió dominar su cólera y nos dijo que volviésemos un par de semanas más tarde, cuando estuviese más relajada, para hablar de lo sucedido.

VII
Donde se cuenta la redada que organizó la pequeña Cherc a casa de la bruja. Se trajo hasta un cuerpo de asalto especial de la policía. Se cuenta también como no encontraron lo que buscaban porque no lo había pero sí que se cargaron cosas de incalculable valor, por ser irreemplazables, y echaron todavía más tierra sobre nuestra amistad con Natuschka. Cherc, a fin de cuentas, estaba realmente ofendida por el modo en que fue expulsada de casa de la bruja.

Incluso con los insultos que nuestra supuesta amiga había lanzado contra Natuschka en su propia casa, esta deseaba conservar nuestra amistad. Aquella, por el contrario, desapareció tras el incidente y no supimos de ella en unos días. Ya podíamos no haber vuelto a saber nada de ella, hubiese sido lo mejor para todos, pero ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Dos días después del incidente un millón, o un millón y medio, de policías aparecieron en el Barrio de las Putas dirigiéndose a la casa de Natuschka con la sana intención de llevar a cabo una megarredada y encontrar las toneladas de drogas que la bruja escondía. La pequeña Cherc era consciente de que había metido la pata en su anterior visita a aquel lugar, solo que creía que su error había sido precipitarse y descubrirse a sí misma como policía secreta ante los ojos de la vieja camello. No podía, ni quería, imaginar que su error fue pedir substancias con las cuales Natuschka ni trabajaba, ni trabajaría jamás por considerarlas indignas, impuras, perniciosas y contrarias a su filosofía vital.

La pequeña Cherc estaba tan convencida de que tenía la razón en sus sospechas sobre la bruja, que consiguió una orden de registro e incluso un cuerpo de asalto de élite para llevar a cabo la redada que tenía planeada. Su imaginación se disparó, ayudada un poco por los rumores y otro poco por el cabreo sordo que tenía a raíz del trato recibido en casa de Natuschka, de modo que esperaba encontrar allí poco menos que el alijo de drogas más grande de la historia. Cuando Civo y yo vimos la marcha de policías a casa de Natuschka, con la pequeña Cherc al frente, lo comprendimos perfectamente todo. Turulo nos miró con cara seria, esta vez sí que habíamos metido la pata hasta los sobacos.

La redada fue, por lo que se cuenta, devastadora y cruel. Parecía más el asalto en mitad de una guerra a un bunker blindado, que una redada a casa de una vieja alquimista y su filósofa ayudante. Entraron a saco, de improviso, por las ventanas y las puertas rompiéndolo todo, acorralando a Natuschka y Rrrr contra una esquina ante la amenaza de unas armas que asustan sólo con imaginárselas. Pronto empezaron a buscar las drogas de las que suponían estaba la casa llena. Y buscaron. Y buscaron. Y buscaron. Y en la búsqueda destrozaron los animales disecados para ver qué guardaban en el interior, piezas de edad incalculable y de especies extinguidas con anterioridad al conocimiento actual de la zoología. Pero allí sólo había serrín. Y en la búsqueda insistieron en husmear en el gran caldero que estaban preparando y, delicados como eran, quebraron la antiquísima marmita que quedó inservible. Y en la búsqueda lo único que encontraron fueron tarros con mermeladas y pomadas que les eran desconocidas.
- No hemos venido a recolectar potitos, - dijo la pequeña Cherc indignada por no encontrar lo que pretendía.
Quizá, si hubiesen estado menos obcecados en la heroína y la cocaína les hubiese dado por comprobar en que consistían los “potitos” y habrían encontrado que, si bien no eran drogas en el sentido que buscaban, sí que tenían ciertos efectos psicoactivos; pero no buscaban nada de eso y lo que buscaban no lo iban a encontrar allí por mucho que buscaran, no lo había. En poco menos de dos horas Cherc y sus sicarios habían convertido en ruinas una casa que había tardado siglos, quizá milenios, en alcanzar su orden.

Dicen que, en cualquier caso, Natuschka guardó la compostura hasta que aquellos salvajes entraron en su biblioteca, fue entonces cuando se enfrentó a las armas que le apuntaban y recibió, a cambio, un fuerte golpe en la cabeza con la culata de una de ellas. Cada vez que Natuschka recuerda como dejaron la biblioteca desea que la hubiesen matado a ella pero hubiesen dejado sus libros en paz. Los miles de místicos volúmenes de sabiduría ancestral fueron arrojados de sus estantes sin consideración ninguna en la búsqueda desaforada de algún secreto escondrijo donde estuviesen las substancias prohibidas. ¡Estúpidos eunucos! ¡Uno sólo de esos libros valía más que la vida de todos ellos! Libros de edad infinita, ejemplares únicos de los que ninguna otra copia existe, páginas que sólo necesitaban un trato demasiado áspero para deshacerse y perder toda la sabiduría que contenían... todos tirados por el suelo, pisoteados y mutilados por una horda de agentes del orden.

Cuando por fin todo acabó las fuerzas del orden se fueron con el rabo entre las piernas, Rrrr llevó a Natuschka a su habitación, que también había sido violada, para que se repusiera del brutal golpe que el civilizado policía le había asestado. Poco después interpusieron una demanda que, obviamente, ganaron y que les proporcionó una gran indemnización. Grande en términos de cantidad de dinero, pequeña de cara a enfrentar los daños que la gran redada había provocado.

Natuschka nunca volvió a ser la misma, ni a confiar en nosotros del modo que venía haciéndolo. De hecho, lo que aún no me explico es porqué todavía nos acoge con los brazos abiertos cada vez que vamos a su casa, aunque nosotros, para hacernos perdonar, cada vez que la visitamos le llevamos algún libro o semejoide que le sirva para ir reponiendo lo que perdió en la aventura. Además conseguimos, pagando un elevado precio que nos dejó sin dinero una buena temporada, que Carldo, el herrero del Barrio, le arreglase la marmita que quedó casi como nueva. Supongo que Natuschka comprende que tampoco fue totalmente culpa nuestra y que, a fin de cuentas, si se enfada con nosotros perderá, además de todo lo anterior, a unos buenos amigos.

VIII
Donde, para terminar la historia, expongo la carta que escribí a aquel diario pues yo creo que se ve a legua que iba con la intención de escandalizar por lo que tonto es el que se escandalice, ¿no?. Por otro lado cierto es que a mí me gusta como quedó.

Señor director:
Mis horas más obscuras coinciden con las horas más obscuras de la noche. Eso me estimula. Son momentos en los que reina un silencio que es casi lascivo, que tiene un toque lujurioso que incita a romperlo, a gritar, a poner música y hacerla sonar con el volumen al máximo. No es difícil encontrar un placer sádico, sexual, en tales ensoñaciones... y al final, no obstante, respetas es silencio que tanto te excita, que te pide que los rasgues con algún sonido gutural. Parece que eres un ser social, que consideras justo que los vecinos descansen y que no vas a hacer nada que descuartice sus momentos de calma y sueño, salvo, quizá. ¿porqué no?, descuartizarlos a ellos.

La lujuria de sangre comienza a adueñarse de tu mente. El silencio que querías ver roto empieza a ser el cuerpo de tu vecina. Sí, esa vecinita del sexto tan mona. A veces crees que tu desasosiego se vería contentado con sodomizarla brutalmente en el portal mientras el edificio, el barrio, la ciudad, todos duermen. Convertirla en tu adoratriz, esa pequeña golfa que siempre deseaste tener, en todo momento dispuesta a cualquier juego erótico en el que quieras envolverla. Tantas veces te has imaginado esas escenas mientras te masturbabas en aquel silencio tan lascivo. Has pensado violarla, pero no se viste como una zorra por lo que nadie se apiadará de ti o te comprenderá cuando te justifiques con el clásico “es que iba provocando”, ¿¡es que nadie se da cuenta de que tiene unas tetas enormes!?.

Pero hoy lo sabes, lo has descubierto mientras te revolcabas presa de la excitación en que te subsume el silencio de esas las más obscuras horas. Ya eres plenamente consciente de que jamás te conformarás con su cuerpo y su alma, demasiado poco. Tú, el noctámbulo, el eterno amigo de lo perverso, quieres su sangre. Quieres rasgar su piel con tus propias uñas, hundir tus dedos en su cuerpo y sacar, entre rojos ríos del fluido vital, todo cuanto tiene dentro. Es eso, es totalmente eso. Revolcarte en su sangre contemplando, mientras tanto, el miedo y el dolor en sus ojos, al tiempo que muere y se marchita; ahora le toca a ella, tú ya los has hecho demasiadas veces.

Supongo que me obsesioné, por momentos llegué incluso a creer que era alguna especie de vampiro. Vale que me veía reflejado en los espejos, menos mal, realmente disfrutaba, y disfruto, mucho mirándome en ellos. Puede que a los demás, y en especial a las mujeres, yo no les guste mucho, a mi me gusto un montón. Tampoco deja de ser cierto que me encanta comer ajo y que, a pesar de que me es profundamente molesto, el sol no me destruye ni me hace más daño que a cualquier otro. Otra cosa son los religiosos, a esos no los soporto para nada, sus símbolos me resultan ridículos y su religión en general la veo como desdeñable; pero de ahí al resto hay un largo paseo por el campo. En cualquier caso reconozco que es cierto que empecé a acosar a mi vecinita y finalmente acabé secuestrándola y desarrollando en ella todas mis ideas y mis más bajas pasiones.

Hay placeres nocturnos que son difíciles de explicar, el mío fue inmenso. En esas horas de silencio y obscuridad casi absolutos hice todo cuanto mi lujuria me dictó. Al principio la tenía atada, pero la humillación crea adicción y pronto la tuve como mi adoratriz personal, se convirtió en mi guarra, mi putita multiusos, esa zorra que todo el mundo desea tener, una felatriz siempre dispuesta... de modo que me cansé. Harto de azotarla y que le gustara la maté, lentamente recreándome en ello, hasta que conseguí que volviera a gritar de dolor. Luego les mandé a sus padres la cabeza en una bolsa de basura mientras la sangre aun no se había coagulado. El cuerpo me lo quedé para mi uso personal durante unos días más, luego la tiré al río.

Mis horas más obscuras me son desde entonces más sobrellevables. He vuelto a ser una persona normal y disfruto de la luz del sol. Creo que no hay nada mejor que hacer lo que yo hice, dejar salir tus más ocultas fantasías al exterior, para sentirte mejor al quedar libre de ella. Al menos hasta la próxima vecina.

Muchas gracias por dejarme contar esta experiencia vital tan importante para mí en su reputado diario. Espero que esta misiva sirva de guía para muchos que estén en la misma situación que yo estaba.

Fdo: Auán Tutxitxi del Barrio de las Putas.





3 comentarios:

Rocío dijo...

Tu relato me ha permitido, por un momento, tomar asiento en uno de los escalones de esa escalera del conocimiento que tanto me ha gustado. Escalera que saca lo mejor de tí y que si a ella se le antoja el color de la provocación, pues el provocar se impone y de qué magna manera. Eso sí, con espectadores no invitados, los de la ley, los que van a poner las cosas en orden, nunca a desordenarlas. Imposible tarea la de respetar a los demás cuando se desconoce el significado de la palabra respeto y se opta por aplastar cabezas y escupir en la cara. En cuanto a la inexistencia de dios y semejoides, tu demostración empírica es de las mejores. Entre otros fragmentos, me quedo con: "Libros de edad infinita, ejemplares únicos de los que ninguna otra copia existe, páginas que sólo necesitaban un trato demasiado áspero para deshacerse y perder toda la sabiduría que contenían... todos tirados por el suelo, pisoteados y mutilados por una horda de agentes del orden." "Mis horas más obscuras coinciden con las horas más obscuras de la noche. Eso me estimula. Son momentos en los que reina un silencio que es casi lascivo, que tiene un toque lujurioso que incita a romperlo, a gritar, a poner música y hacerla sonar con el volumen al máximo. No es difícil encontrar un placer sádico, sexual, en tales ensoñaciones..."

Félix dijo...

Si te digo la verdad este no me gusta demasiado pero no tenía con qué sustituirlo y en él introduzco unas cuantas cuestiones que se van a convertir en leitmotiv del resto así que me trago con papas mi opinión y lo cuelgo. Respecto a la inexistencia de dioses y semejoides, siempre he pensado que quien postula la existencia de algo es el encargado de demostrarla, no el que duda de que aquello que le están contando sea verdadero. En cualquier caso es un tema complejo y espinoso.

Gracias por leer, una vez más.

Rocío dijo...

Veo que te pones serio y te tragas con papas tu opinión. Si no te gusta demasiado pues no te gusta demasiado y punto. A mí sí me gusta, la verdad. De acuerdo contigo en cuanto a que quien postula la existencia de algo es el encargado de demostrarla. Pero tampoco estaría de más que el que duda haga lo propio. Un tema algo más que complejo, sí.