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lunes, 13 de septiembre de 2010

Otros personajes entrañables (III): Divano Pero, coleccionista de palabras

Nuestros lenguajes son como el eco de la primigenia apropiación de las cosas,
de los dominadores y de los pensadores al mismo tiempo.
A toda palabra acuñada le acompañaba la orden `¡así debe de ser llamada
esta cosa en adelante!´
- F. Nietzsche

Supongo que aquel que ya haya leído alguno de los cuentos que sobre nuestro querido Barrio de las Putas he escrito, ya no se sorprenderá fácilmente ante los curiosos personajes que pululan a sus anchas por su perímetro. Aunque a veces el más avezado transeúnte de estas calles se queda helado con alguien. Ayer mismo me encontré con un tipo que es peculiar y peculiarizable. Lo conocí hará ahora unos cuatro años. Me lo presentó Itálico Martínez. Se llama Divano Pero y estaba buscando su lugar en el mundo. No tenía claro absolutamente nada, de modo que lo intentó todo. Cuando Itálico Martínez me lo presentó era porque estaba enseñándole a Divano Pero todo lo que sabía, y era mucho, sobre el arte boligráfico. ¡Divano Pero quería ser artista boligráfico! Y lo intentó, vaya si lo intentó. Jamás tuvo Itálico Martínez un discípulo más persistente y trabajador. Creo sinceramente que, por momentos, rozaba lo patológico. Divano Pero necesitaba a gritos un sentido para su vida y tenía la firme convicción de que el arte boligráfico era su camino... hasta que veías sus dibujos. No es por ser criticón, pero no valían ni el papel sobre el que estaban hechos, no vamos a hablar del bolígrafo gastado en su realización. Y aún así Divano Pero lo intentaba una y otra vez hasta quedar exhausto.
 - Pobrecillo, - me decía Itálico Martínez cuando Divano no estaba presente - con sólo la mitad de su esfuerzo cualquier persona se convertiría en un Gran Maestro Boligráfico, pero es que Pero tiene menos talento que un cepillo de dientes.
Finalmente, abatido por el continuo fracaso, Divano Pero acabó aceptando que el arte boligráfico no estaba hecho para ser hecho por él y decidió abandonarlo.

Lo creas o no el caso es que Divano Pero no se vino abajo ante esta contrariedad del destino. Ya en sus últimas pinturas se notaba que, aparte de una increíble carencia de aptitud, eran apáticas. La sospecha de que el arte boligráfico no era lo suyo le llevó a intentar suerte en el teatro de títeres. Oosc, el titiritero del Barrio, no tuvo inconveniente en adoptarlo como aprendiz. ¡Divano Pero sabía, otra vez, lo que quería hacer con su vida!. Durante meses estuvo encerrado día y noche en el taller de Oosc aprendiendo junto a su nuevo maestro todo lo que debía saber... que al parecer no fue suficiente. Cuando estrenó en las Sala Vosticum su primera obra, un cuento de hadas para niños, se descubrió que se le daban peor, si cabe, los títeres que el arte boligráfico. Sus muñecos eran horribles, no de esas cosas feas que terminan siendo agradables, o al menos interesantes, precisamente por su deformidad, por resultar frikis. Eran de esas cosas que, intentando ser bellas, son espeluznantemente feas. Además, para acabar de arreglarlo, el argumento de la obra resultó ser totalmente coherente con los muñecos diseñados para representarla, es decir fatídicamente malo. Todos los niños lloraban y querían irse, sus padres se aburrían y los amigos que fuimos a presenciar su debut temíamos el momento en que el tormento acabara y el artífice de semejante atrocidad nos pidiese nuestra opinión. Por suerte para nosotros esto no fue así. Divano Pero fue brutalmente consciente de su nuevo fracaso antes de salir del teatro pues recibió múltiples abucheos de un público que lamentaba no haber traído verduras podridas para poder arrojárselas.

Todos estuvimos preocupados por Divano Pero durante una temporada, pues creíamos que se tomaría mal su nuevo fracaso. De hecho no apareció por la “Taberna 19” durante un tiempo y empezamos a temernos algo malo. Nadie se atrevía a hablar de ello, aunque la sospecha estaba en el ambiente, cuando, de repente, una noche apareció Divano Pero buscándonos para darnos unas entradas para su nuevo espectáculo de títeres. ¡Oh no, otra vez no!. El caso es que su anterior fracaso le había llevado a tomar consciencia de que lo suyo no eran los títeres para niños y se había reorientado hacia los adultos.
 - Es algo más conceptual, fruto de una profunda investigación en el arte titiritero desde sus orígenes. - Trataba de explicarnos.
¿Qué profunda investigación ni que niño muerto?, nos preguntábamos nosotros al echar las cuentas y ver que en cosa de quince días había investigado, hecho títeres nuevos y escrito una obra. Conociéndolo sabíamos que, en cualquier caso, habría puesto toda su energía en este nuevo proyecto y apenas habría dormido para tenerlo listo cuanto antes. No había remedio, una nueva intentona de Divano Pero de colarse en el mundo y adquirir una identidad que le resultase satisfactoria, y, de nuevo, teníamos que ser testigos de ello. ¿Para qué están los amigos si no?

Con miedo por lo que pudiéramos presenciar pusimos rumbo a la Sala Vosticum, aún hoy me pregunto como le dieron una segunda oportunidad, para ver en qué quedaba la cosa. No creo que sea positivo para nadie hablar de lo que pasó esa noche, incluso siendo suave y considerado parecería que me estoy cebando en la desgracia de mi amigo. En resumen, diré que fuimos temiéndonos lo peor y nos quedamos cortos, jamás habíamos presenciado un desastre de tal magnitud. Lo peor es que esta vez sí que se hundió bastante con su fracaso.

Durante meses enteros vagó por el Barrio como si fuera un espíritu o estuviese profundamente drogado, o las dos cosas a la vez. Itálico Martínez me dijo un día que estaba realmente preocupado por él, que no sabía que hacer para sacarle del agujero. Yo sabía que lo que Divano Pero necesitaba a gritos era una ilusión, algo a lo que dedicarse y que le proporcionase una identidad. Hasta ahora había intentado siempre ser algo, y no había conseguido nada. Era un buscador y eso no le gustaba, lo que quería era encontrar algo que le completase porque, como en todo lo que había intentado ser, Divano Pero no era un buen buscador. El buen buscador se deleita en la búsqueda, Divano Pero era un buscador que sólo deseaba encontrar para dejar de buscar.
 - ¿Crees entonces que el problema de Divano es que no se acepta tal cual es? - me preguntó Itálico Martínez, como si yo fuese psicólogo o algo de eso.
 - No, Itálico, creo que lo que tiene que hacer es encontrar ya algo nuevo con lo que involucrarse de ese modo suyo tan particular. - Le contesté, sin saber cuanto acertaba al decir que Divano Pero es un buscador y cuanto me equivocaba al decir que tenía que dejar de serlo.

Varios días más tarde fue el cumpleaños de Divano Pero, pero nosotros no lo sabíamos. Se enteró Itálico Martínez de casualidad y me lo comunicó. Como estábamos muy mal de dinero, como siempre, decidimos hacerle el regalo a medias. Acababa de salir el libro nuevo de Civo y ambos queríamos leerlo de modo que convinimos en regalárselo a Divano Pero con la sana intención de que luego nos lo prestase. Por aquella época ya conocíamos a Civo pero no teníamos confianza con él como para pedirle un ejemplar por la cara, de modo que si queríamos el libro no había más remedio que comprarlo y esta nos pareció una buena solución para conseguir leerlo sin pagar tanto. Dicho y hecho fuimos a “Librillos y Papelillos”, la librería del Barrio, y compramos el “regalo” para Pero. No podíamos si quiera atisbar cuanto le iba a gustar aquello. De hecho le gustó tanto que para cuando dejó de leerlo cuatro veces al día, y quiso prestárnoslo, tanto Itálico Martínez como yo teníamos un ejemplar que nos había dado Civo. Ya habíamos cogido más confianza con él. Tanto le gustó el libro a Divano Pero que decidió que lo quería era ser poeta, además no un poeta cualquiera ¡quería ser un poeta maldito igualito que Civo!.

La sonrisa volvió a la cara de Divano Pero y sus amigos nos estremecimos temiendo los poemas que, sin duda, escribiría y tendríamos que leer. Lo primero que hizo, como acostumbraba, fue buscar un maestro que lo instruyera y para ello ¿quién mejor que el propio Civo?. Fue desde ese momento que empezamos a coger más confianza con Civo, pues él y Divano Pero pasaban muchas horas juntos. Itálico Martínez me confesó que se sentía un poco celoso de Civo pues, en cierta forma, le había levantado a su alumno más atento. Creo que también estuvo bastante celoso de Oosc y que, en cierta forma, se alegró que tampoco con él consiguiera aprender nada que llegara a buen puerto, pero nunca me ha dicho nada de ello. Pronto Divano Pero comenzó a aterrorizarnos con la amenaza de su primer poemario del que hablaba sin parar durante los escasos momentos que estaba sin escribir en él, sin escuchar atentamente cada palabra que Civo pronunciara o sin leer hasta el mal gusto los libros de su maestro. Todos pasábamos auténticos malos tragos al decirle que teníamos muchas ganas de que lo acabara para poder leerlo. Yo, no es por dármelas ahora de bueno, le concedía el beneficio de la duda. No iba a hacerlo todo mal, vamos, digo yo.

Nadie llegó nunca a leer el anunciado poemario. Ante la noticia de que abandonaba la poesía todos, primero, suspiramos aliviados y, luego, preguntamos el motivo.
 - Era una mierda, - nos explicó - no había ni un solo verso presentable.
Lo dijo sonriendo de modo que supusimos que habría algo más y, efectivamente, lo había.
 - Mi dedicación va a ser, a partir de ahora, buscar palabras nuevas. He visto que en el buscar palabras que amplíen mi vocabulario está la felicidad. Además no me exige quedarme en ningún lugar para poder hacerlo ya que en cualquier lugar puede haber una palabra nueva que me suponga algo nuevo.
No quiso atender a razones cuando le dijimos que para eso con que se leyera el diccionario un par de veces iba bien.
 - Soy un buscador de palabras, no un lector de diccionarios. El diccionario está lleno de palabras muertas, yo las quiero vivas. Quiero palabras que se utilicen en libros, en poemas, en canciones, incluso en la calle. He ahí la felicidad.

Desde entonces se pasea por el Barrio con una sonrisa de felicidad pura y dura. De vez en cuando se te acerca y te cuenta la nueva palabra que acaba de encontrar, entonces su excitación es máxima.
 - ¿Sabías que abarraganar es una de las palabras con más aes de nuestro idioma?
Lo cual no está mal porque si él es feliz de eso es de lo que se trata. Divano Pero, para suerte suya, no necesita dinero pues heredó unas cuantas propiedades y vive de las rentas con lo que puede dedicarse a lo que le haga plenamente feliz y parece que, al menos de momento, lo ha conseguido. Claro que desde que empezó su búsqueda de palabras se ha vuelto muy pedante pero nadie es perfecto.

Como ya dije al principio me lo encontré ayer. Me contó sus nuevas adquisiciones y me preguntó como me iba la vida. Yo le expliqué que me he autoinvestido cronista del Barrio y todo lo concerniente a los cuentos que estoy escribiendo. Fue entonces cuando tuve lo que los psicólogos, que algo sí que sé de psicología, llaman un insight y me percaté de que merecía la pena escribir un cuento sobre Divano Pero, de modo que se lo dije. Divano se emocionó muchísimo, le gusto tanto le idea que sólo fue capaz de sonreír y balbucir
 - Sí, sí, por favor...
Lo cierto es que le había entusiasmado tanto mi ofrecimiento que se había quedado sin palabras,  el pobre Divano Pero nunca consiguió ser bueno en nada que se hubiera propuesto.

3 comentarios:

Rocío dijo...

Tu relato me transmite todo el sentir de Divano Pero en su lucha por encontrar su lugar en el mundo. Tus palabras me hacen sentir de una forma viva su peregrinar en la búsqueda de su identidad. Cuando buscamos un sentido a nuestra vida sólo podemos encontrarlo tropezando con ilusiones en nuestro camino. Entre otros fragmentos,me quedo con: "Yo sabía que lo que Divano Pero necesitaba a gritos era una ilusión, algo a lo que dedicarse y que le proporcionase una identidad. Hasta ahora había intentado siempre ser algo, y no había conseguido nada. Era un buscador y eso no le gustaba, lo que quería era encontrar algo que le completase porque, como en todo lo que había intentado ser, Divano Pero no era un buen buscador."

Félix dijo...

En principio el nombre de Divano Pero lo pensaba utilizar para el narrador de los cuentos, pero luego se me apareció el personaje y pensé que le entraba mejor a él. Acto seguido decidí que el narrador iba a permanecer anónimo hasta el final. Una voz sin nombre me parece una idea muy sugestiva, ¿no?

Gracias por el entusiasmo, se contagia, la verdad.

Rocío dijo...

De lo que se entera una... Totalmente de acuerdo contigo en lo de que una voz sin nombre es una idea muy sugestiva y hasta qué punto. Ya me extrañaba a mí que no volvieras a darme las gracias, pero esta vez de forma suprema. Eso de que contagio el entusiasmo es lo más bonito que me han dicho en años jaja. Cierto es que el entusiasmo se contagia, es como la alegría y otras tantas sensaciones positivas. Pero, sinceramente, si eres tú el que ha conseguido que yo lea tus Cuentos con verdadero entusiasmo, ¿hacia donde deben ir dirigidas las gracias?.